lunes, 28 de junio de 2010

El Hombre Lobo


Dirección: Joe Johnston.

Con Benicio Del Toro, Hugo Weaving, Anthony Hopkins, Emily Blunt, Geraldine Chaplin, Art Malik, Catherine Balavage, Richard James, Olga Fedori, Stuart St. Paul.

Crítica:

Diré de antemano que, tras los múltiples retrasos que sufrió este remake del clásico de la Universal, El Hombre Lobo, a pesar de sus carencias no está tan mal como esperaba. Se supone que esta cinta dirigida por Joe Johnston está basada en ese film interpretado por Lon Chaney Jr. y dirigido por George Waggner en 1941. Hay que tener en cuenta que aquella primera versión no es, ni por asomo, una buena película, sino más bien todo lo contrario, pues se trata de un producto aburrido y acartonado, que ha envejecido verdaderamente mal y que, por razones obvias, no debería considerarse como la obra definitiva centrada en el tema de la licantropía. Ese puesto se lo ha ganado Aullidos, de Joe Dante, y ninguna película podrá quitarle ese puesto, pues es absolutamente insuperable.

Aclarados estos puntos nos centraremos en esta nueva versión del mito del hombre lobo. Mi veredicto es que, simplemente, se trata de una película aceptable, con más defectos que virtudes pero que, gracias a su soberbia ambientación y a la medianamente correcta historia que narra, se merece al menos un vistazo. Como he dicho, el punto fuerte del film es el marco tenebroso inglés en el que se sitúa. Sus paisajes, representados gracias a es a fotografía de tintes grisáceos, se hacen a la vez bellos y aterradores, pese a que no se explotan al máximo. El Hombre Lobo no llega a exprimir todos los elementos con los que juega, y eso hace que el film se quede a medio camino de todo. En ningún momento llegamos a sentir verdadero terror ante lo que nos están contando, simplemente notamos una pasividad alarmante debido a un director que poco espíritu se ve capaz de insuflar en su película.

Las interpretaciones, por el contario, son notables, especialmente la de Benicio del Toro. Anthony Hopkins se muestra tan histriónico y cargante como de costumbre y es que, sin que sea nada personal, poco puedo aguantar los últimos trabajos de este señor, pero he de reconocer que aquí hace un soberbio trabajo a tener en cuenta. Al menos, en este aspecto, la película sale muy bien parada, teniendo en cuenta que su mayor lastre es la presencia como director de Joe Johnston.

¿Qué es lo que tiene El Hombre Lobo que la perjudica tanto? Su espectacularidad y su juego al sobresalto como única vía de acaparar la atención del espectador. Ante la imposibilidad de insulflarle algo de alma, el director opta por recurrir al clásico y reprochable truco del golpe de efecto. Así, sobresaltos los encontramos a montones, pero son únicamente sonoros, a la vez que cargantes y constantes. El film abusa de las secuencias frenéticas. Se podía contar la historia intensificando la tensión sin caer en la tendencia actual de parir productos cargados de adrenalina pero con poco fondo. Dicha tendencia también incluye el recurrir a la infografía para impregnar cada fotograma. De hecho, en ocasiones vuelve a parecer que estamos ante un videojuego, no tan alarmantemente lamentable como en Van Helsing, pero sí lo suficiente como para percatarnos de que El Hombre Lobo es todo un ejemplo del cine del siglo XXI, es decir, pirotécnico, aparatoso y, en suma, desprovisto del mínimo sentido de la maravilla y la estética.

Si todo esto no fuese suficiente, hay que tener en cuenta esa manía enfermiza de ilustrar la matanza causada por el monstruo a través de las más gráficas y violentas muertes, muy logradas pero sumamente innecesarias. Sumémosle el confuso guión y los poco aprovechados efectos de Rick baker.

¿Qué tiene entonces esta película que podamos rescatar? Pues lo primero que entretiene y su historia, aunque descafeinada y plasmada en ese mediocre guión, entretiene gracias al manejo acertado del suspense. Y lo segundo, que contiene algunos efectos (aunque pocos debido al desaprovechamiento al que antes me refería) que quitan el hipo, casi tanto como las ya mencionadas e impresionantes localizaciones y su impecable fotografía. La partitura de Danny Elfman, aun siendo bastante estruendosa, es también un punto fuerte.

Al menos, resulta superior al modelo en el que se inspira, pese a ser un producto que huele a prefabricado, cuyos elementos podrían haberse exprimido muchísimo más.

Un 6,5.



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