lunes, 26 de abril de 2010

Línea mortal (Flatliners)


Dirección: Joel Schumacher.

Con Kiefer Sutherland, Julia Roberts, Kevin Bacon, William Baldwin, Oliver Platt, Hope Davis, Kimberly Scott.

Crítica:

En este film dirigido por Joel Schumacher (responsable de cosas como Batman & Robin), cinco estudiantes de medicina deciden experimentar en ellos mismos lo que se esconde más allá de la muerte. Con el fin de lograr su propósito, fuerzan la paralización de su corazón y su cerebro hasta que los monitores que indican los signos vitales no muestren más que una delgada línea horizontal... Después deberán reanimar el cuerpo inerte que se haya sometido al experimento. Tras el éxito de la primera de las experiencias se animan a permanecer cada vez más tiempo "muertos" pero, para su desgracia, al volver, se traen algo con ellos...

La premisa incial de la película es impactante, tanto como los brillantes créditos iniciales, acompañados de la portentosa banda sonora del gran James Newton Howard (responsable de la partitura de esa obra maestra que es El Bosque, además de otro buen puñado de títulos no menos memorables), en los que vemos a Kiefer Sutherland diciendo la retorcida frase "hoy es un buen día para morir". Son muchos los puntos positivos que encontramos en Flatliners, siendo el primero de ellos, sin duda, lo entretenida que resulta como película de sci-fi, terror y suspense.

Si nos detenemos un poco en su argumento, resulta impactante como bien he dicho con anterioridad, pero le falta algo justificación, encontrándonos aquí con uno de los puntos flojos del film. Sin embargo, donde Línea mortal sale victoriosa es en que, por fin, encontramos una obra con final cerrado, sin posibilidades de una continuación, lo que es muy de agradecer, acostumbrados ya a montones de cintas con falsos finales o directamente con finales que anunciaran una o múltiples secuelas. La trama, por tanto, está llevada perfectamente, se centra en todos los personajes y va resolviendo sus conflictos hasta llevarnos al correctísimo final. Desgraciadamente, no le hubiese venido mal un poco más de trabajo a la parte final del libreto, pero démonos con un canto en los dientes porque no resultó, ni mucho menos, una chapuza.

A un buen guión tenemos que sumarle unas notables interpretaciones por parte de todo el equipo, así como unos efectos visuales bastante potentes y unos efectos de sonido que supusieron una candidatura a los Oscar en 1990. Lo que realmente me encanta de esta película es ese estilo videoclipero y hortera que tanto caracteriza a Schumacher a la hora de rodar. Gracias a ello, cada fotograma de la película queda impregnado de un aire misterioso, agobiante y sucio. Y es que esos tintes azulados y siniestroides le vienen como anillo al dedo a una película con escenas bastante fuertecillas, que va al grano y resulta del todo recomendable tanto para los aficionados a la buena sci-fi como para los aficionados al cine de terror, puesto que guarda secuencias excelentes de ambos géneros.

Y además, ¿no os resulta entrañable ver a esta colección de actores en sus tiempos mozos?

Un 8 y oye, mira, que me encanta.

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