martes, 23 de marzo de 2010

Recomendamos.


Gabriel,
de Shane Abbess.

Interesante y extraña cinta que narra la lucha eterna entre arcángeles y caídos, en la que lo más llamativo es su curioso diseño de producción, el cual le da un aspecto muy similar al de joyas como El Cuervo: Ciudad de Ángeles. La historia de un arcangel que lucha por brindar nuevamente luz al purgartorio, en un lugar en el que sólo reina la oscuridad y donde deberá salvar las almas de los habitantes de una ciudad, ya nos la sabemos, porque recuerda a títulos como Ángeles y demonios, por citar el más relevante en su categoría. Pero tiene algo, ya sea su salvaje crudeza, esa granulosa y oscura fotografía o esas encarnizadas peleas que, por contra, merecían una coreografía algo más currada.

El film contiene secuencias de acción que lo hacen entretenido pero, desgraciadamente, no es que tenga un ritmo muy constante, ya que los altibajos son bastante frecuentes. Eso hace que la cinta, a pesar de ser entretenida, se antoja demasiado lenta en unas cuantas ocasiones. No obstante, todo se acaba subsanando con unas ideas visuales bastante potentes que, sin duda, suponen lo mejor de Gabriel.

No es que se trate de una gran película, ni tampoco de una cinta que vaya a revolucionar el género, pero es esa humildad la que le hace especial, y un buen ejemplo de cine de serie B sin más. Tampoco esperéis grandes referencias bíblicas porque, sinceramente, no las hay, siendo algo que acaba por beneficiar de sobremanera a la cinta. No es superior a la trilogía de Ángeles y demonios (las otras dos secuelas que rodaron aún no las he visto) pero es perfectamente recomendable, aunque sea sólo por su descaro.



Starman, de John Carpenter.

En el 84, cuando el cine fantástico gozaba de una salud ahora envidiable y que jamás recuperará, se estrenó esta película del siempre interesante John Carpenter, al que debemos joyas como la clásica Halloween, La Cosa o la notable Vampiros, sólo por citar algunas. Con Starman se alejó de su truculencia habitual para contar una emotiva, tierna y algo tópica historia, en la que un ser del espacio exterior interpretado por Jeff Bridges, llega a la remota cabaña de una joven viuda, Jenny Hayden (Karen Allen), y allí toma la apariencia de su recientemente fallecido marido. El bondadoso extraterrestre convence a Jenny para que le conduzca hasta Arizona, donde supuestamente le esperará una nave que le devuelva a su planeta. El tiempo juega en su contra, ya que morirá en tres días, y el Gobierno, tan malévolo como es de esperar, no dejará de intentar ponerle la zarpa encima al gentil alienígena. La historia viene a ser una revisión de E.T. en clave romántica, pero no por ello deja de ser tan buena como su modelo, ya que incorpora ciertos elementos que permiten tener una visión bastante más adulta del tema.

El film está milimétricamente diseñado, ya que, sin grandes excesos, cuenta algo simple y conciso sin andarse con demasiadas historias, y en donde ya sabemos lo que nos vamos a encontrar. Además de divertir, encierra momentos realmente bonitos sin resultar empalagoso en ningún momento, algo que es muy de agradecer en un film de semejantes características. En ese punto, Carpenter hizo un gran trabajo al no sobrecargar de azúcar una historia que tenía muchos riesgos. Y buen trabajo hicieron también sus dos actores protagonistas, Jeff Bridges y Karen Allen. Simplemente brillantes.

Sin más, un muy buen film de sci-fi cargado de romanticismo en el que se pueden resaltar momentos espectaculares, acción, amoríos y, en suma, podemos considerar a Starman como uno de los mejores ejemplos del buen cine de los 80. Por si esto fuera poco, la impecable banda sonora, la buena fotografía, las vagas reflexiones sobre lo corrupto que puede llegar a ser el hombre y el fantástico y cautivador desenlace, ayudan aún más a aumentar la calidad de la cinta.

La película fue seguida de una serie del mismo título y que un servidor recuerda con sumo cariño pero que, desgraciadamente, sólo ha podido recuperar a través de episodios sueltos.

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