domingo, 21 de febrero de 2010

Libertad para morir


Dirección: Deran Sarafian.
Con Jean-Claude Van Damme, Cynthia Gibb, Robert Gillaume, George Dickerson, Art LaFleur, Patrick Kilpatrick, Joshua John Miller.

Crítica:

En plenos noventa podía disfrutarse de cine palomitero pensado exclusivamente para los amantes de la patada en la boca. Van Damme protagonizó en 1990 esta interesante cinta que ambienta la historia en una prisión. Nuestro cachas favorito interpreta aquí a Louis Burke, un detective que se mete de incógnito en la cárcel para investigar unos misteriosos asesinatos. Alguien está matando presos y Van Damme tiene que desvelar la verdad en esta cinta con sabor a serie B clásica de la que ya no se hace.

El argumento es bastante simple y el guión, obra de David S. Goyer (Blade: Trinity), es todo un canto al más puro sinsentido, ya que hay contradicciones, agujeros argumentales y multitud de desvaríos, por lo que la película se salva exclusivamente por el buen hacer de su director, Deran Sarafian, que construye un espectáculo pirotécnico cargado de violencia, sangre, piruetas y acrobacias. Libertad para morir es un thriller carcelario que se disfruta exclusivamente como mero producto de acción con acertadas dosis de suspense, y hay que reconocer que, pese a sus carencias y limitaciones, encierra secuencias de indudable interés, especialmente la que abre el film, o el enfrentamiento final con The Sandman. Interesante resulta también la marcada idea de la corrupción tras los muros de la cárcel y el trato brutal al que son sometidos los presos. Pero desgraciadamente, Goyer no exprime al máximo la historia y termina por confundir al espectador al firmar un libreto sin pulir en el que no se atan todos los cabos y en el que sencillamente se suceden ideas una tras otra sin llegar a relacionarlas coherentemente. A modo de ejemplo, ¿qué pinta Sandman en toda la historia? Y es sólo una pequeña muestra de un guión que quiere abarcar tanto que al final acaba hundiéndose en sus pantanosas aguas. Como tampoco es que quede excesivamente claro el papel de Van Damme en todo el cotarro. Por consiguiente, todo es un absurdo de lo más divertido.

Donde la película sale muy bien parada es en su conseguidísimo tono claustrofóbico y su ambientación carcelaria, aunque roce el surrealismo en más de una ocasión. La fotografía oscura y esos decorados mugrientos ayudan bastante a lograr en el espectador cierta sensación de malestar.

Libertad para morir es el mejor ejemplo de cinta de acción por acción que entretiene lo suyo y que se pasa en un suspiro. Eso sí, daba para mucho más.

Un 5,5.

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