martes, 8 de diciembre de 2009

Recomendamos: Sí y No.

Haciendo un breve repasito en este tranquilo día de hoy, dejaremos constancia de las últimas cositas que he podido ver.



Nunca juegues con extraños, (Joy Ride, 2001) de John Dahl. Protagonizada por Steve Zahn, Paul Walker y Leelee Sobieski, se presenta este soberbio thriller de carretera en el que los tres jóvenes protagonistas deberán huir de un camionero loco que quiere jugar sádicamente con ellos tras haber sido objeto de las burlas de dos de ellos a través de su equipo de radio. Cargada de tensión, y con un guión en el que participó J.J. Abrams (creador de Perdidos) en su tramo final deriva a caminos más convencionales, pero es un dignísimo producto que no deja insatisfecho a los amantes de las emociones fuertes, y a pesar de que tiene algún que otro altibajo, es bastante notable. Un 7. RECOMENDADA.



Nunca juegues con extraños 2 (Joy Ride 2: Dead Ahead, 2009), de Louis Morneau, es otra de esas secuelas directas a DVD. De la mano del director de la mediocre Carretera al infierno 2 (otra secuela directa al mercado doméstico), esta Joy Ride 2: Dead Ahead se eleva por encima de la media, y en ella el sádico camionero sigue haciendo de las suyas, sólo que en esta ocasión le roban el coche en lugar de meterse directamente con él. Y claro, los guapos protagonistas, sufrirán las consecuencias de la peor manera posible en una sanguinaria cacería que supera en salvajismo a su antecesora. Con secuencias cargadas de tensión, y alguna que otra que roza el absurdo -o que directamente se sumege en él-, el film es una digna muestra de que, con esfuerzo, puede conseguirse una secuela equiparable a la obra original. Lamentablemente, en lugar de contar con final cerrado, vuelven a recurrir a la tópica sorpresa final, lo que ya termina cansando. No obstante, llega al 6 de sobra y os la recomiendo, porque encierra momentos bastante crudos que, aunque ya vistos, aportan una nueva dimensión a un film que, de ser como el anterior, resultaría banal y reiterativo. RECOMENDADA.



Los sustitutos (Surrogates, 2009), de Jonathan Mostow. Bruce Willis protagoniza este curioso thriller de sci-fi inspirado en la primera novela gráfica de Robert Venditti, The Surrogates, dirigido con gran eficacia por el responsable de la floja Terminator 3: La Rebelión de las Máquinas. La cinta aporta ideas de elevado interés al narrar la historia localizada en un mundo futurista donde los humanos viven aislados del resto y sólo se relacionan unos con otros mediante la utilización de robots denominados sustitutos. Willis interpreta (bastante bien, muy en su línea de brillante actor) a un policía que deberá salir de su casa tras muchos años recluido a fin de resolver un caso en el que un estudiante universitario relacionado con el hombre responsable de la creación de los sustitutos ha sido asesinado. La mera premisa, aunque proceda de una novela gráfica y no sea original del guión, es aterradora y sugerente, ya que el no saber si la persona que tienes ante tí (o tu sustituto) es o no la que dice ser, provoca escalofríos. Bien ambientada, asfixiante, dinámica, fácil de seguir, sencilla y entretenida, no da mucho pero sí lo suficiente para calmar las ansias por ver buen cine de ciencia-ficción, con la acción justa y necesaria para mantener el interés y no aburrir, gracias a su correcta dosificación durante todo el metraje. Puede que no se trate de una gran película, pero no toma por imbécil al espectador, cosa que, en los tiempos cinematogtáficos que corren, ya es bastante. Un 7.



Wishmaster 3: La piedra del diablo (Wishmaster 3: Beyond the Gates of Hell, 2001) de Chris Angel. Protagonizada por A.J. Cook (Destino final 2 o la serie Mentes criminales) y dirigida por el también responsable de la cuarta entrega de la saga, Wishmaster IV: La Profecía, se presenta este mediocre directo a vídeo, dotado de flojas interpretaciones, FX bajo mínimos, una puesta en escena tan televisiva y feísta como permite el escaso presupuesto, algo de sexo y aburrimiento generalizado ante la repetitividad de lo que nos quieren contar. Sin duda alguna, la peor parte de la serie y la primera en la que el Djinn ya no fue interpretado por Andrew Divoff, sino por John Novak, al igual que en la cuarta. Un 2.



Infectados (Carriers, 2009), de Àlex y David Pastor. Estos dos hermanos nos traen un efectivo aunque desaprovechado thriller en la línea de 28 días después, en el que una pandemia ha acabado con la mayor parte de la población y un grupo de supervivientes se dirigen a una apartada playa del Golfo de México con la intención de refugiarse hasta que la enfermedad haya desaparecido. La trama no da para mucho más, así que el guión se centra principalmente en las tormentosas relaciones entre personajes y hace principal hincapié en el afán de supervivencia, llevado hasta el extremo. Y es ahí donde encontramos el mayor logro de la cinta, ya que gracias a ello, podemos encontrar secuencias crudas y desagradables, pero que ponen en evidencia hasta donde puede llegar un ser humano con tal de sobrevivir. Lamentablemente, salvo esa ideología supervivencialista, poco más encontraremos aquí. Eso sí, termina resultando amarga y emotiva, lo que la sube la nota de inmediato. Entretenida. RECOMENDADA.



Siete mujeres atrapadas (House on Sorority Row, 1983), de Mark Rosman. Una pieza más que añadir al subgénero slasher ochentero, que no es de las mejores, pero sí bastante entretenida. Se limita a ser otra escabechina más de jovencitas guapas, esta vez residentes de una mansión de una hermandad universitaria. Tras gastar una broma a la dueña de la mansión, con resultados fatales, deberán pagar las consecuencias, siendo brutalmente asesinadas una a una por un misterioso asesino desconocido. Con limitadas dosis de suspense, unos efectos de maquillaje baratitos y alguna que otra sorpresilla, resulta curiosa de ver al ser una de esas películas que más tarde inspirarían a los clásicos bodycounts de los cansinos 90. Recientemente ha sido víctima (no puedo decir otra cosa) de los maquiavélicos productores de Hollywood, que han querido sacar dinero estrenando un remake que, a parte de no tener nada que ver con esta, es un bodrio de proporciones cósmicas. Sólo para paladares acostumbrados al género, amantes de la década de los 80, frikis variados y completistas dispuestos a todo.

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