viernes, 3 de julio de 2009

Dune


Dune, de David Lynch.

Crítica:

Tras una larga espera, he visto la que se supone era una obra de culto, Dune, del cargante David Lynch. ¿Qué me ha parecido? Horible, sin más. Es una obra pomposa y vacía basada en la primera novela de Frank Herbert, tan cargante como el resto de la filmografía del director.

A pesar de unos logrados FX y un impactante diseño de producción en el que, ante todo, prima el cartón piedra, el film es aburrido de principio a fin, a la par que molesto y confuso. El cine de Lynch nunca se ha caracterizado por su lógica interna, pero es que, forzosamente, el film debería haberse apoyado en un guión con algo más de definición en muchos aspectos. Pero qué os voy a contar, si tenemos en consideración que el único título de Lynch que me ha supuesto algo de interés es la excepcional Carretera perdida (que era toda una fiesta de incoherencias y comeduras de tarro).

Dune es pomposa y se vanagloria de ello gracias a los contínuos y molestos susurritos que, dicen, están basados en las narraciones en primera persona del libro. Servidor no ha leído una sola de las novelas de tan peculiar universo, pero desde luego, con tantas voces en off, pocas ganas le quedan. Ciertamente, con el diseño de producción que tiene el film, poco de atractivo tiene, ya que los decorados y las vestimentas de los personajes son bastante desagradables e incómodos de ver. La música tampoco es que ayude en demasía, pues suena tan ridícula y pretenciosa como el conjunto total de la película. ¿Y los actores? No se salva ni uno, a pesar de un reparto sumamente interesante. Las interpretaciones son tan molestas y cargantes que, en su mayoría, fueron las responsables de mis tres intentos por interrumpir la proyección del film (en mi casa, se sobreentiende).

Resumiendo: Dune no me ha parecido, ni por asomo, una buena película, sino todo lo contrario, porque es mala, ridícula, pomposa y pretenciosa. Y casi lo peor, es aburrida, muy, pero que muy aburrida, cargante desde el primer minuto. Y encima, por si todo esto fuera poco, es irracional, porque el guión está tan mal planificado que a penas se entiende nada hasta los útimos momentos, y aún así con ciertas dificultades. Estúpido es que se presente multitud de nombres impronunciables y, además, pretender que el espectador tenga la cabeza para recordarlos. La abstracción es la máxima divisa en el cine que nos da David Lynch, y aquí da rienda suelta, algo más contenida que otras ocasiones, a sus particulares ideas y su saber cinematográfico.

Existe una versión extendida de la película que se programó en la TV por cable americana. Cómo si ya no fuera bastante castigo y suplicio ver la versión de 143 minutos...

Un 2.

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