lunes, 12 de enero de 2009

Punisher: War Zone


Tras la agradable (pero lacia) The Punisher (El Castigador), protagonizada en 2004 por Thomas Jane y John Travolta, ha llegado a las pantallas (a las de allí, porque aquí han decidido cancelar el estreno) Punisher: War Zone, una especie de secuela que no guarda relación alguna con la anterior pero que, a cambio, tiene un mayor parecido con el cómic original, e incluso recupera a un personaje como Jigsaw. Protagonizada por Ray Stevenson (Roma) y dirigida por Lexi Alexander, Punisher: War Zone recupera el sabor de las clásicas películas de venganza callejera e incluso recuerda a la obra de culto The Punisher (El Vengador) que en su día protagonizara Dolph Lundgren.

Los niveles de salvajismo que alcanza esta nueva entrega de las andanzas de Frank Castle son taesl que dejan con la boca abierta. Hay que verla para creerlo, de verdad. Se ha procurado caer a propósito en lo más puramente salvaje y, desde luego, esta secuela no va a dejar indiferente a ningún espectador.

No hay ningún punto de vista moral, simplemente narra una cacería más de El Castigador, sin entrar en demasiados detalles acerca de su personalidad. Quizás algún que otro flashback para mostrar la muerte de su familia (como ocurriera en la versión de 1989) sea lo único que se emplee para dar algo de dramatismo al conjunto. El resto es un film de acción descerebrada, cruel, violenta, sanguinaria, enferma y retorcida que, por el contrario a lo que pueda parecer, divierte lo suyo.

Punisher: War Zone
supera abiertamente a la anterior película sobre el personaje, más que nada porque representa de verdad lo que es: una máquina de picar delincuentes, sin moralidades ni remordimientos. No hay ningún tipo de discusión ética, por lo que la película puede resultar molesta para un amplio sector del público. Castle revienta cráneos, estómagos, mutila, descuartiza y hace todo lo que no hacía en la primera versión (o por lo menos, no tanto).

A mí, personalmente, me ha parecido un film de acción bastante gratificante porque, básicamente era lo que andaba buscando. Los logros de esta especie de segunda parte, o más bien nueva versión, se resumen en unas mayores cantidades de sangre y acción, así como una mejor dosificación del ritmo y una condición más definida de producto de serie B. Es imposible dejar pasar este título como heredero de los productos de venganza a lo Cannon, ni tampoco darse cuenta de la enorme cantidad de guiños que en él podemos encontrar (el más claro recuerda al Batman de Tim Burton). No sólo eso, sino que su directora, Lexi Alexander, se mueve con solvencia y dota al film de un buen pulso que se ve ayudado por los competentes FX. FX que, como he dicho, recuerdan más bien a un producto de videoclub ochentero.

En USA ha sido un fracaso absoluto, pero garantizo que es bastante mejor que su predecesora y merece mucho la pena. Eso sí, espectadores sensibles absténganse de ver tan exótico producto porque es una auténtica brutalidad.

Un 7.

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