martes, 16 de septiembre de 2008

El rey de la montaña

El rey de la montaña, de Gonzalo López-Gallego.

Con Leonardo Sbaraglia y María Valverde.


Toda una grata sorpresa me ha supuesto este último estreno a la española. Con un añito de retraso (ya les vale), nos ha llegado a las carteleras este trabajo de Gonzalo López-Gallego.

El rey de la montaña es una curiosa pieza de survival-horror, tan de moda en nuestros días que, a falta de originalidad, consigue satisfacer las ansias cinéfilas gracias a un desarrollo trepidante, una elaborada puesta en escena y unos cuantos momentos bastante angustiosos.



Aunque sin llegar a emocionar, el presente film es un nuevo ejemplo de que en casa también puede hacerse cine de género terrorífico-fantástico de calidad sin caer en la caspa zarrapastrosa como, por ejemplo, los productos basura de la extinta Fantastic Factory o cosas como Tuno Negro o School Killer.


Ciertamente, la trama de El rey de la montaña, es de lo más simple y lineal, pero está planteada de manera que sobre cualquier explicación. De esta manera, poco se nos cuenta sobre los dos personajes principales, que simplemente se limitan a ser presas. Poco importa que no sepamos nada sobre a qué demonios se dedican, simplemente se nos dosifica la información con cuentagotas para que nada sea relevante para la historia. Así, lo que realmente importa es que compartamos la misma desesperación y terror que las presas que, seguramente, acaben por ser cazadas. La atmósfera opresiva, inquietante y angustiosa de la película se ve ayudada por un correctísimo Leonardo Sbaraglia, actor que no me solía convencer porque, literalmente, me parecía un poco muermo, y que en esta ocasión entrega una interpretación realmente convincente. María Valverde se limita a hacer un buen papel.


Por si fuera poco, el sorprendente desenlace de la película tiene su punto crítico, por lo que el ataque a la violencia actual se hace patente aunque, como ya he mencionado, sólo sea en los últimos minutos. Si algo tiene la película que me haya parecido completamente surreal y desechable es la consabida escena de sexo, absurda y metida con calzador. Una situación de semejante calaña hace que las típicas escenas de sexo que Uwe Boll mete en sus películas sean toda una oda a la lógica.


Servidor ha comprendido la cinta como todo un homenaje a las clásicas historias de supervivencia como Deliverance, incluyendo además claras reminiscencias al mismísimo Doom (precisamente, el punto crítico más importante).


Sin más, un producto españól diferente, pensado para todos aquellos que busquen algo distinto en el cine patrio y que tenemos que sumar a la competente corriente terrorífica de la que hemos podido disfrutar este año, contando las geniales El Orfanato y [REC]. Y es que nuestro buen cine no puede limitarse a un estilo concreto, hay que diversificar.


Un siete.

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