sábado, 5 de julio de 2008

Una noche para morir (si ves este bodrio).


Una noche para morir (Prom Night), de Nelson McCormick.


La fiebre del remake es imparable, y el slasher un subgénero relegado a las estanterías de los videoclubs. Por esta razón, el remake de Prom Night, titulado aquí Una noche para morir, estaba condenado al fracaso. Si bien el original era de todo menos original, este remake supera todos los límites de la cutrez.
La historia que el film nos ofrece no es ninguna adaptación, sino una historia nueva pero francamente penosa en cuanto a desarrollo, cargada de todos los tópicos que caracterizan estos productos, pero amoldada a los cánones actuales. Así, la intención de los productores es manufacturar un producto destinado al consumo adolescente de la actualidad, por lo que los rasgos característicos del slasher son reducidos a la nada. Ni desnudos, ni sexo, ni sangre, ni consumo de drogas, nada de lo que representaban las clásicas Halloween y Viernes 13 más sucedáneos, aparece aquí. Todo ha sido reducido al mínimo, incluyendo el propio suspense.
Básicamente, todo la trama se resume en que un profesor psicópata de instituto se obsesiona con una alumna hasta el punto de matar a toda su familia. Tres años después se fuga del manicomio para volver a por su alumna preferida, sólo que esta vez se cuela en el baile de graduación. Es decir, nada que ver con la original, así que, si se hubiese llamado Prom Night 5, tampoco hubiese pasado nada, puesto que podría entenderse como otra entrega más. Y es que, salvo una ligera conexión entre la segunda y tercera, el resto de entregas eran completamente independientes. Por consiguiente, este slasher de cuarta reúne todos los tópicos habidos y por haber en el subgénero, pero hasta el punto de repetirlos de tal forma que terminan por causar el hastío del espectador. Sombras, reflejos, todos ellos pequeños detalles sin concesión alguna que, si bien eran bien aprovechados en los grandes clásicos del género, aquí ya no son novedad y no pueden ni siquiera levantar medianamente el invento (?).
Parece ser que el público al que va dirigido este lamentable subproducto se ha ablandado, ya que, como bien he dicho, la sangre y el gore están reducidos a la mínima expresión. Los cuerpos esculturales de treinta y pocos que pululan por el film representan a personajes más imbéciles de lo habitual, causando vergüenza ajena en determinadas ocasiones. Lejanos quedan ya clásicos de los 90 como Scream o Sé lo que hicisteis el último verano, odiados por muchos pero, sin duda, entrañables y mucho más competentes que esta basura. A pesar del experimentado en series Nelson McCormick (responsable de varios episodios de la magistral y adictiva Prison Break), el presente trabajo carece por completo de cualquier indicio de pulso narrativo, descolgándose con una película pobre, pésimamente rodada, con estilo videoclipero, poco sentido del ridículo y, lo que es peor, tremendamente aburrida.
Lamentable es, a modo de ejemplo, que en los apuñalamientos constantes haya tan poca sangre, más que otra cosa por su inverosimilitud o que, tras recibir varias puñaladas, la camisa de un desdichado presente sólo manchas de sangre sin ninguna rotura en el tejido.

En suma, un bodrio innecesario a todas luces que se antoja como una de las peores películas de horror de la temporada, carente de toda gracia y destinado en exclusiva a un público adolescente que, curiosamente, está reflejado en el film mostrando la simplicidad que le caracteriza, pero que ni siquiera llegará a satisfacer. Un trabajo estilo MTV mal planificado, mal desarrollado, carente de imaginación, clónico, sin rigor, poco trabajado, con todo tipo de carencias, unas interpretaciones trilladas, unos diálogos sonrojantes y, resumiendo, un producto extremadamente casposo. Y, por cierto, el cuchillo del cartel ni siquiera aparece en el film y el terror al que hace referencia éste es verdad que es de otro tipo, el cutre.

No perdáis el tiempo con esta solemne tontería.


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