lunes, 24 de marzo de 2008

Vuelo Nocturno (Red Eye)


Wes Craven siempre acaba sorprendiendo. Ha rodado grandes películas como Pesadilla en Elm Street o la despreciada parodia del cine de terror adolescente Scream, vigila quién llama (superada incluso por su secuela Scream 2) y ha pinchado con otras tantas, entre las que tengo que incluir Scream 3, no porque sea mala sino por su inverosimilitud, o con La Nueva Pesadilla. Evidentemente, me he limitado a un par de películas de toda su obra y, como ya he dicho, suele dejar bastante satisfecho. Ayer noche tocó ver Vuelo nocturno, un vibrante thriller de suspense con toques de terror que, a pesar de su sencillo argumento y reducidos personajes y escenarios, se convierte en un efectivo producto capaz de provocar una tensión bastante grande, gracias tanto a la sobria dirección como a la actuación sobresaliente de los dos protagonistas principales. Cillian Murphy demuestra que puede desenvolverse con efectividad en casi cualquier papel (y es que este chico ha bordado siempre sus trabajos, como vimos en 28 días después, Sunshine o Batman Begins, las tres prácticamente obras maestras), pero Rachel McAdams tampoco se queda nada corta y hace un trabajo interpretativo convincente y prácticamente perfecto.


¿Qué nos cuenta? Pues la película se centra en Lisa Reisert (Rachel McAdams) y en su vuelo nocturno a Miami, donde le espera un miedo mayor que el que ella tiene a volar. Tras encontrarse con un agradable compañero de asiento, Jackson (Cillian Murphy), en lo que se supone que es una graciosa casualidad, éste le hace una revelación terrorífica: se trata del responsable de un complot para matar al Comisionado de Homeland Security... y Lisa es crucial para que dicho complot pueda realizarse. No obstante, en caso de que ella se negara a cooperar, un asesino se encuentra esperando una llamada de Jackson para mandarle ejecutar a su padre.


El film tampoco tiene más, juega con pocos elementos pero exprimiéndolos al máximo y se centra en lo que se tiene que centrar sin irse por las ramas, y haciendo pues que el ajustado metraje juegue a su favor. Y es que no hacen falta dos horas para contar una buena historia. Lamentablemente, el final se antoja demasiado convencional, aunque ni mucho menos deja de sorprender, a pesar de su tremendo parecido con los más trillados psychothrillers. Pero sin duda alguna, estamos ante un notable filme. Eso sí, sólo para interesados en el género y el cine de entretenimiento.


Un 8.

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