jueves, 20 de diciembre de 2007

Shark Attack 3: Megalodon

Pese a que la película tiene ritmo, la tercera parte de Shark Attack es un gran bodrio. Estrenada en vídeo en España bajo el título engañoso de Terror en el abismo, Shark Attack III: Megalodon, dirigida nuevamente por David Worth es un truño mastodóntico que goza de los peores FX que se han podido ver en una película de terror-animal. Pese a ser una película mala hasta límites excesivos, cierto es que se trata de una serie B en la que el dinero no campa a sus anchas, por lo que podría estar medianamente justificado ese nefasto trabajo de FX, y tiene cierto encanto (no deja de ser tan cutre como otros clásicos de la talla de la italianada de Tiburón 3, de Enzo Castellari, posiblemente de las mayores cutradas que haya visto en cine).


La trama de esta tercera entrega se centra en un ancestro del tiburón blanco, el megalodón que, no se sabe muy bien por qué, reaparece en la Fosa de las Marianas para hacer de las suyas y zamparse a media playa mexicana, e incluso algún que otro barco entero. Evidentemente, el argumento precisaría efectos de una calidad superior a la que un título para vídeo podría aportar, por lo que el resultado no es demasiado gratificante salvo para pasar una tarde de risas.

Si los FX fueran malos se entendería medianamente, pero parece mentira que tras haber dirigido Shark Attack II, David Worth hiciera un trabajo tan cutre y falto de interés, algo que se nota en esos graves fallos de continuidad, en esas escenas en alta mar tan lamentables (por ejemplo, primeros planos de personajes que se supone se encuentran en una lancha en movimiento cuando de fondo se ve claramente que todo está quieto y cosas así) y ese abusivo uso de metraje documental que en ocasiones llega a ser insultante dado el excesivo grano de la imagen en comparación con el resto del filme. Es decir, detalles en su mayoría de montaje que no dejan de reducir la calidad del producto. En el apartado actoral, la mediocridad se hace notar tanto como en el resto del conjunto, luego no desentona con la cutrez general de la película. Quizás el mejor sea el guaperas John Barrowman, destacando también la participación de Jenny McShane, a la que vimos en la primera parte de la trilogía pero interpretando un papel diferente (!). Los demás, actores de segunda, o incluso tercera que poco pueden hacer salvo invitarnos a la carcajada por sus interpretaciones y por las patéticas situaciones en las que participan (es hilarante esa escena en la que dos de los técnicos de Apex se fuman un porro en una sala de control que consiste en dos ordenadores de mentira y un mapa que no representa nada).


Es decir, que salvo algún efecto digital bastante decente, poco tiene esta entrega de la saga que merezca la pena destacar a excepción de los curiosos FX de síntesis que superponen barcos o personas (según corresponda, y con el pertinente cambio de tamaño mágico del tiburón) , mucho me temo que sólo servirá para echarse unas risas con la necesaria cerveza y la buena compañía, distando en exceso de las dos anteriores películas, especialmente la segunda.


Bastante nefasta, aunque divertida y con acción por un tubo. Un 2.

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