jueves, 1 de noviembre de 2007

Hostel 2



Hace unos días tuve la oportunidad de poder volver a ver uno de los films que más esperaba y que más me defraudaron. Hablo sin duda de Hostel 2, la secuela de uno de los mejores films gore de última hornada. Pese a que el primer Hostel fue despreciado por gran parte de la crítica para variar, resultó ser una obra sorprendentemente buena que tenía mucho menos gore del que prometía. Y es que hacer una película gore no tiene que equivaler a llenar la pantalla de sangre y tripas, y Hostel hizo de su forma de ser su mejor virtud, limitando las escenas sangrientas de tortura a momentos puntuales pero cargados de salvajismo. Aunque, por contradictorio que parezca, ese salvajismo inundaba cada fotograma del filme. La segunda parte, también de Eli Roth, auténtico aficionado de los que ya no quedan, resultó decepcionante, aunque, cosas que suelen pasar, al verla de nuevo he podido notar varias de sus virtudes y muchas de sus carencias, pues básicamente consiste en repetir la fórmula del anterior pero cambiando los chicos por chicas. Si en la primera entrega, eran tres los salidos que viajaban por toda Europa en busca de féminas que cepillarse, en esta continuación son tres chicas tontas que buscan relajarse en un apartado balneario. Pero hay que destacar un hecho particular que diferencia a Hostel 2 de su predecesora, y es que se aporta el punto de vista de los verdugos, por lo que, además de ver las desventuras de las tres protagonistas podemos contemplar asombrados el funcionamiento del hostal. Más o menos la broma consiste en que los responsables de dicho hostal envían a través del correo móvil diferentes ofertas de turistas que llegan a su establecimiento para que ricos empresarios pujen por ellos con la idea de torturarles hasta la muerte. Y comprobamos atónitos como los seres torturadores pueden ser padres o madres de familia que llevan vidas aparentemente normales...




A primera vista, este planteamiento puede resultar interesante pero hecha por tierra todo el suspense de la cinta original, lo que no hace sino aumentar el aburrimiento y hacer que sepamos qué va a ocurrir cada minuto de película. Tampoco resulta acertado el poco tiempo que Paxton (Jay Hernández) aparece en pantalla así como esa idea (ignoro si será una crítica real o no) del aspecto que tiene Europa según Roth al plasmar su particular visión de las líneas de tren europeas, entre otras cosas. "Pocos sitios seguros quedan en Europa", dice una de las chicas.




Como en la primera, los momentos gore son muy puntuales, aunque he de reconocer que son escenas verdaderamente enfermizas y que la primera de las torturas (que podemos ver cuando el filme lleva más de cincuenta minutos) contiene un salvajismo y una crueldad como pocas veces he podido ver en una película de terror-teen. Por supuesto, el desarrollo de la película a partir de aquí es casi calcado de la anterior, pero con detalles interesantes, como el refuerzo en la seguridad con cámaras de videovigilancia, alarmas diversas y perros guardianes tan mortíferos como los torturadores. Cabe destacar, no obstante, dos interesantes pero inverosímiles giros de guión que, para qué engañarnos, te dejan con los ojos abiertos, pero que no comentaré aquí, os lo dejo para que lo veáis por vuestra cuenta (yo me limito a comentar, no a decirle a nadie que no vea la película porque es una mierda o lo contrario).




Y para rematar, si en esta segunda parte hay más o menos el mismo escaso gore que en la primera, no puedo decir lo mismo del sexo. Si en la anterior teníamos dosis considerables de sexo y preciosas féminas en cueros, ninguna de las protagonistas (bueno, todas menos la menos agraciada) enseña nada de nada, por lo que la principal atracción que podría tener la película se esfuma por completo.




En definitiva, lenta, forzada, medianamente entretenida, se deja ver porque es de Eli Roth y porque sus momentos gore, pese a ser escasos, son verdaderamente brutales. Y la nota que le doy es de seis porque, pese a ser algo decepcionante, cumple como producto de terror.


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