viernes, 26 de octubre de 2007

Viernes 13, parte 5


Danny Steinmann fue el encargado de dirigir la quinta parte de la saga Viernes 13, que empecé a comentar hace unos días y que os dije os analizaría entrega por entrega. Dicho film se estrenó en 1985 bajo el título de Viernes 13, parte V: Un nuevo comienzo. El título original no incluía número, Friday the 13th: A New Beginning, y ediciones posteriores en vídeo la titularon con el sencillo Viernes 13, parte V (de hecho, aún conservo mi edición Paramount en VHS con ese mismo título), quedando en DVD finalmente con el título completo, edición que, por cierto, se presentaba en panorámico con sonido original 1.0. La película en cuestión se caracteriza por dos cosas, la primera que se trata de una de las peores entregas de la serie, y en segundo lugar por ser uno de los capítulos en los que se cargan a más gente. De hecho, puede decirse que lo único que justifica su lectura, además de ser un fan de la saga, es que podemos disfrutar de los más variopintos y brutales asesinatos. Si no habéis visto la película, os aviso que pretenden que el producto tenga algo de suspense, pues aquí el asesino, ya no es Jason, sino un tipo llamado Roy que trabaja en un hospital. Dicho tipo es padre secreto de un chico retrasado que reside en la misma residencia para enfermos mentales que el joven que acabó con el original Jason Voorhees, Tommy Jarvis (Corey Feldman hace un breve cameo al inicio de la película). Este señor, Roy, ante la muerte brutal y sanguinaria de su hijo a manos de un chuloputas residente de la institución mental, enloquece y se pone a masacrar a todo aquel que se encuentre por las inmediaciones del pueblo y a los propios residentes. Sin ningún motivo, sencillamente porque se ha vuelto loco, o por lo menos, no nos dicen claramente por qué. La gracia involuntaria es que los guionistas (uno de ellos el Martin Kitrosser que Tarantino menciona en Kill Bill, Vol. 2) pretenden crear cierto suspense ocultando al asesino en la mayor parte del metraje recuperando el espíritu del filme original, pero resulta extremadamente evidente que es el tal Roy. Los asesinatos son bastante curiosos por su ingenio y salvajismo, pero carecen de toda lógica y el guión está fatalmente elaborado, pues el proceso deductivo de la policía resulta tan inverosímil y forzado que no queda más remedio que dejarse llevar e intentar pasar el mejor rato posible con este regular aunque entretenido ejercicio gore de resolución tan forzada como el resto del metraje. Por cierto, el tal Roy aparece en el filme disfrazado como el mismísimo Jason en un intento, dicen en la película, de despistar a la policía. Si decidís ver un Viernes 13 algún día, que no sea esta la primera.


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