sábado, 26 de mayo de 2007


De vez en cuando conviene ir al cine a ver algo con acción, diversión y que dé poco que pensar. Esta vez ha tocado Spider-Man 3, la última de las aventuras de nuestro Hombre Araña favorito. Contando con el mismo equipo de las dos anteriores, Sam Raimi nos ha entregado un producto divertido, con fondo, dinámico, ágil, con romanticismo, un reverso oscuro y mil cosas más, a parte de un buen puñado de villanos que, según los profanos, sobraba. Si algo negativo tiene el filme, es que, dado que con 140 minutos para contar tanto puede faltarte algo o no explicar demasiado algunos detalles, el filme no se hace pesado en ningún momento y resulta muy espectacular, aunque quizás en determinados momentos, con tanto salto y con tanto vuelo de aquí para allá poco podemos distinguir. En cuanto a detalles, el origen del simbionte no se explica en ningún momento, lo que difiere por completo de la historia narrada en el cómic, aunque, por lo demás, se ajusta a la pefrección. Hace años, los aficionados pensábamos en posibles adaptaciones de la historia y Venom no parecía demasiado fácil de elaborar, pero con las técnicas actuales, el resultado quita, tal cual, el aliento. Un sobresaliente.

En lo demás, la película sigue por los mismos derroteros de las dos anteriores: narra la vida de Peter Parker, sus motivaciones, sus sueños, sus amores y sus constantes patochadas. Pero es tan entrañable, que sales de la sala de cine con una sonrisa de oreja a oreja.


La peli no es para cinéfilos ni para aquellos que ven a Garci, para aquellos que creen que la mejor continuación es El padrino II ni para toda esa legión de cultivados que son incapaces de ver más allá de una historia dramática.


Spider-Man 3 es cine con mayúsculas, un verdadero espectáculo audiovisual que quita el hipo y despierta nuestro sentido arácnido. Despreciada por muchos sectores de la crítica, curiosamente por los mismos que opinaban que la mediocre X-Men 3: La decisión final era una buena película.


Una joyita de uno de nuestros creadores favoritos, Sam Raimi.

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