domingo, 12 de febrero de 2017

Hater II: Vanagloriarse de ser un ignorante



Teniendo en cuenta que ciertos redactores no dan muestras algunas de respeto ni hacia sus lectores ni hacia aquellos que puedan discrepar con su punto de vista, tampoco debería andarme con rodeos a la hora de redactar el presente artículo y, de hecho, no lo voy a hacer.

Efectivamente, como reza el encabezado del artículo publicado en el panfleto Tentaciones, de El País, "lo que hay que leer". Haré una retrospectiva y comenzaré recordando mi artículo acerca de los llamados "haters" y su lamentable e innecesaria existencia en el mundo del arte. Remarcaré que un hater no es más que un imbécil y, dentro de su condición de imbécil, hay que matizar que encierra varias categorías, siendo una la que corresponde al llamado "imbécil tocapelotas", aquel que siempre creerá que tiene la razón en todo y que, por ende, intentará convencer de que es quien posee la verdad absoluta alegando que el contrario no tiene ni puta idea. "Reconoce que tus gustos son una mierda", "Qué mal gusto tienes, no me jodas" o "Reconoce que no tienes ni puta idea de cine" podrían ser tres frases recurrentes que se amoldarían a la manera de entender la vida de este formato de especímenes. Y aquí tenemos a uno de ellos, una persona que no ha tenido ni siquiera la valentía de firmar su artículo. Un titular como el de Supéralo: 'Blade runner' no es para tanto y podemos demostrarlo sólo podía proceder de un suplemento tan prepotente, rancio y falsamente progre como Tentaciones, un panfleto de cuarta que lleva ya varias décadas demostrando que más allá de su verborrea y su cruzada contra todo aquello que no consideran adecuado para el arte dentro de sus cuestionables parámetros, no hay nada más que ignorancia y pedantería vacua a partes iguales. Y con este artículo ya han tocado fondo, no sólo por el hecho de que NO DAN SU OPINIÓN, sino porque se muestran incapaces (de pura torpeza) de argumentar de forma creíble sus ideas.

Nosotros, como buenos haters, vamos a desmontar uno de los mitos más sobrevalorados de la historia reciente. Prepare sus defensas, mantenga la calma, y proceda a "retirar" a todos estos replicantes del pensamiento único. Señores, ser un hater no mola, no es algo de lo que enorgullecerse, sino todo lo contrario, es algo de lo que avergonzarse y motivo más que suficiente para quedarse recluido en casa con el mero fin de no contagiar al resto del Universo con su soberana estupidez. Porque, odiar el arte no es sano, es algo repudiable que entra en la tónica de muchos que creen que tienen la verdad absoluta acerca de lo que dicen, escriben y hacen. Y aquí entra tanto el odio al cine en general como el odio al cine fantástico en particular. El País lleva años y años declarando la guerra a todo el cine de género, incluyendo a guerreros como Guillermo Altares, Miguel Ángel Palomo, Antonio Albert, y por supuesto, varios individuos de la plantilla de Tentaciones (que después pasó a ser Ep3 y ahora vuelve a tener este nombre que se las trae).

Desgraciadamente, en esta corriente de odio generalizado participan numerosas webs, usuarios de Internet, artistas diversos (en mayor o menor grado de frustración) aficionados y críticos (o más bien reseñistas), que contribuyen a que se retroalimente por mero contagio. Por otra parte, la calma es difícil mantenerla si ya predisponemos al lector a estar a la defensiva ante una inminente sarta de majaderías purulentas y recalcitrantes.

Literalmente, en el artículo podemos leer: A todo el mundo le tiene que gustar Blade runner, incluso sin haberla visto. "Cada vez que vemos un plano con Harrison Ford corriendo entre niebla, humo y neones publicitarios, se nos tiene que caer la boca al suelo y estamos obligados a decir eso de "qué adelantados a su tiempo". No hay lugar para la crítica. Si a Blade runner le quitas el barrio chino, la niebla y las luces indirectas se queda en un escenario de cartón piedra con unos personajes muy poco trabajados y unas actuaciones más efectistas que emocionales. Los cazafantasmas tenía mejores efectos especiales y no nos la tomamos tan en serio. Lo primero, se escribe Blade Runner, y no, no hace falta, no es obligatorio que te guste, ni mucho menos. Pero en este caso el mero hecho de que no te guste y el comentar sus virtudes como si de defectos se tratase deja muy claro que lo tuyo no es entender de cine. Lo siento, pero es así. Y no, con ello no hay lugar para la crítica, pero por lo visto sí para la rabieta de colegial. Comparemos ambos títulos como hace el artículo, Cazafantasmas y Blade Runner. Ambas se vanaglorian de unos FX de impresión y una escenografía que quita el hipo, especialmente la  que ha servido como fuente de discordia, y de hecho fue tal su influencia y repercusión que a día de hoy podemos encontrar algún título que nos la recuerde. Pero claro, igual al autor de esta basura tenemos que explicarle antes lo que es una pintura mate y lo mágico de todo el proceso de creación de una película durante aquel tramo de la historia del cine.

El punto 2 ya cae directamente en la descalificación, y lo destaco aquí porque merece la pena dar a conocer la clase de periodismo que se hace a día de hoy:

Idioteces a las puertas de Tannhäuser

Una sociedad absurda repite cosas absurdas. "Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Naves de ataque en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser". Esta coletilla improvisada por un actor en un momento de enajenación mental se ha convertido en un tótem de la ciencia ficción y no tiene ningún sentido. Ninguno. El bueno de Rutger Hauer, el replicante rubiazo, todavía se debe partir de risa todas las mañanas pensando que su diarrea mental tras una probable resaca se ha convertido en el padre nuestro de una generación sci-fi que se lo traga todo. La frase acaba con aquello de las lágrimas en la lluvia, que bien podría ser la poesía de carpeta de un chaval de secundaria. Hay que explicarle a este ente que estamos tratando ciencia-ficción, como tal. Y que a día de hoy estas palabras pronunciadas por Roy siguen haciendo que se pongan los pelos de punta a más de uno, que seguramente tendrá más sensibilidad y cultura cinematográfica que el que ha escrito esto.
En lo que al último punto se refiere, ya rizamos el rizo con esta insolente e ignorante frase: Cuando ya creíamos que el hype de la película había pasado, tenemos que soportar Blade Runner 2049 y todo el vertedero de información que va a traer consigo. Lo primero, déjense de anglicismos como hype y tengan más respeto a sus compañeros de profesión alegando que habrá un "vertedero de información". Posteriormente, se procede a hablar mal de gente como Villeneuve, Ford o Gosling... En fin, lamentable.

Finalizado el artículo, sólo nos queda la sensación de que este señor, o señora, o colegial (repito que esconde su identidad), ha soltado un vómito sin argumentar nada que justifique su odio encarnizado y excesivo.

Una cosa es, efectivamente, tener una opinión y compartirla, y otra muy diferente dejar claro que no se tiene ni puta idea y, lo peor, enorgullecerse de una ignorancia totalmente fustigable. La pena es que mientras mucha gente se muere de hambre, otros pseudoescritores tienen la suerte de compartir su mierda ganándose un sueldo por ello. En este sentido, le aconsejo al redactor de esta supina imbecilidad que se lea la novela de Philip K. Dick que dio pie a la película de Ridley Scott mientras de fondo escucha la banda sonora de Vangelis, dos maestros a los que no ha hecho mención alguna por puro desconocimiento. También le aconsejo que lea el fabuloso libro de Paul M. Sammon, Cómo se hizo Blade Runner: Futuro en negro, sobre la realización de la película, así podrá hablar con gente de nivel. Y, por último, que busque en el diccionario la palabra humildad. De nada.

Podéis repasar mi artículo anterior aquí:
 https://peibolstercinema.blogspot.com.es/2016/12/la-evolucion-del-hater.html

Y aquí leer el amago de escritura que ha publicado Tentaciones:

http://elpais.com/elpais/2017/02/08/tentaciones/1486558277_855896.html?id_externo_rsoc=FB_CM

jueves, 22 de diciembre de 2016

Rogue One: Una historia de Star Wars



Reseña:

Ya llegó. Después de que el año pasado fuésemos testigos del retorno de la saga galáctica con un Episodio VII que en un principio se me antojó algo insatisfactorio, ahora le ha tocado el turno a esta película dirigida por Gareth Edwards (Monsters, Godzilla), una suerte de precuela del Episodio IV, Una nueva esperanza, y el primero de los spin-offs que Disney prometió.

Quiero aclarar varias cosas desde el principio. La primera de ellas es que Rogue One: Una historia de Star Wars me ha parecido la leche, bastante mejor que los Episodios I, II y III. La segunda es que mi punto de vista no es el típico de un entusiasta. Me explico: ¿nos acordamos del Episodio I? Por muy entusiasta que fuese, que lo soy, al Episodio I le vi carencias en su momento y se las sigo viendo ahora. Si mi postura fuese la de un entusiasta acérrimo, cosa que por desgracia suele usarse como argumento para rebatir las teorías de los que amamos la saga con todo nuestro corazón, seguramente defendería el Episodio I más de lo que lo defiendo. Y la tercera, que es evidente que cada uno busca en la saga Star Wars algo determinado, lo que afecta a la valoración que cada uno da a cada entrega en cuestión. En mi caso, lo que me ofrece esta entrega complementaria de la saga original me ha resultado plenamente satisfactorio, lo que la erige como una de las mejores películas de la franquicia.

Antes de nada, ¿qué cuenta Rogue One? El Imperio Galáctico ha terminado de construir La Estrella de la Muerte, el arma más mortífera de todas. Sin embargo, un grupo de rebeldes se enfrasca en una misión suicida consistente en robar los planos de tan temible estación espacial antes de que entre en funcionamiento...

Básicamente, Rogue One ofrece un punto de vista distinto a la hora de contar una historia que ya nos sabemos y que, más o menos, podemos intuir cómo va a terminar. Lo bueno es que no se aleja del espíritu central de la saga, concretamente de la trilogía original, por lo que los lugares comunes pueden ayudar a que uno se sienta más cómodo con esta brillante e inteligente propuesta. Los guiños son constantes, acertados y están muy bien integrados en la película. Sin embargo, a priori podemos pensar que la película no era necesaria pero, ¿y qué más da si lo que cuenta lo cuenta tan sumamente bien? Planteemos la cinta como lo que es realmente, una expansión argumental de la historia central que permite dar mayor profundidad a la misma. ¿Artefacto para sacar dinero? Pues sí... y no, pero como no acostumbro a gastármelas de tremendista en materia de cine (otra cosa ya es mi vida personal), prefiero tomármela como un punto de vista distinto que enriquece el universo expandido.

Son bastantes los aciertos que podemos ver en Rogue One, destacando entre ellos el cambio de estilo con respecto a los Episodios principales de la serie. Empieza la película, aparece el famoso rótulo azul con los cuatro erróneos puntos suspensivos y, a partir de ahí, se produce una ruptura total con lo que habíamos visto. Otro punto a favor es que se ha optado por mostrar mediante rótulos la ubicación de las principales acciones del film, lo que ayuda a que nos situemos mucho más fácilmente sin la necesidad de que ningún personaje tenga que indicarnos constantemente donde nos encontramos. Grandioso es cómo está plasmado todo el trasfondo de represión fascista en el que se desarrolla la película, aquí toda una historia bélica de raigambre clásica.  El Imperio es lo que es, y creo que en este título han sabido plasmarlo casi igual de bien que en el Episodio V, e incluso con un tono aún más oscuro salpimentado con montones de storm troopers, avanzadas, cazas y destructores imperiales que siembran el terror por toda la Galaxia. A destacar queda también la desorganización evidente de la Alianza en sus planes para desbaratar el Imperio, sin tener muy definida aún su línea de actuación.

Según se comenta en numerosos medios, ni personajes principales ni secundarios tienen carisma suficiente. ¿Los actores, tanto principales como secundarios, no tienen carisma? ¿En serio? Para mí la respuesta es clara: eso no es cierto, puesto que encontraremos más de un personaje interesante y, si acaso, deberíamos mencionar a Forest Whitaker, simplemente prescindible. Por lo demás, Felicity Jones, Diego Luna, Donnie Yen y Mads Mikkelsen están impresionantes. Me he dejado a Ben Mendelsohn a propósito, porque quería mencionar más detenidamente su papel como villano. ¡Ríete de Adam Driver, porque esto sí que es un malvado a la altura! Se trata de un auténtico general nazi que impone respeto y miedo con su mera presencia, mucho menos infantil y, por decirlo de alguna manera, menos "harrypotteriano".  Efectivo cien por cien, sin duda alguna, y mucho más acorde al tono serio que desprende la cinta, lo que no quita que, a lo largo de todo el metraje, encontremos también gags bastante ingeniosos.

Lo más llamativo y logrado de todo, con permiso de la aparición estelar de Darth Vader, son los brillantes efectos especiales y el más que sólido guión de Chris Weitz y Tony Gilroy elaborado a partir de una historia original de John Knoll y Gary Whitta. Y matizo lo de "guión original" porque el Episodio VII no era precisamente original sino, como se ha comentado en infinidad de ocasiones, un remake encubierto de Una nueva esperanza.

Hay algún punto negativo que repercute en la valoración global de este estupendo título. Por una parte, el tramo central puede hacerse algo cuesta arriba durante, digamos, unos veinte minutos. Y por otra, algún que otro añadido digital, aunque convincente en líneas generales.

En definitiva, Rogue One es la entrega más violenta y oscura de toda la saga, incluso más que los Episodios III y V. Por supuesto, en ningún instante me he sentido estafado, al contrario, ya que esperaba ver lo que me han mostrado en pantalla. Aquí tenemos una muestra de que con ganas se puede recuperar el espíritu tradicional de la saga, algo que seguramente hará las delicias de los más puristas. ¿Que cuenta lo de siempre? ¿Y? Al menos, la película se muestra capaz de innovar a la hora de contar una historia que nos podíamos imaginar y que veíamos venir, pero es que se trata de una misión suicida...


Mi nota: 7,5

La evolución del hater

La evolución del hater

Estoy indignado de verdad. Y cada día, cada hora, cada minuto, un poco más. Parece ser que la tónica habitual que impera en los grupos y foros dedicados a hablar de Séptimo Arte es poner a parir absolutamente todo y además aludir de forma inmisericorde a aquellos que a día de hoy siguen disfrutando con alguna que otra propuesta de las que a día de hoy encontramos en nuestra cartelera. En el momento en el que escribo estas líneas me encuentro viendo Mensajero de la muerte, con el gran Charles Bronson, por lo que quiero dejar bien clara mi postura acerca de que prefiero principalmente el cine de la década de los 80 que el de hoy día, pero no por ello soy un carca ni un amargado como muchos usuarios que, por desgracia, campan a sus anchas con total y absoluta libertad, renegando de todo aquello que consideran que no se ajusta a sus cánones preestablecidos.

Aquí voy a introducir un término muy de moda, el de "hater", literalmente, un "odiador". Un hater u odiador es aquel que, por mera pose, ha de odiarlo absolutamente todo, ya sea en literatura, música o, sí, cine. El cine... ese gran maltratado arte, y no sólo por los productores, sino por muchos espectadores. De siempre ha habido un modelo concreto de espectador, ese que alardea de que "le encanta el cine" pero al que no le gusta nada. Va a ver una película de acción y salta con mil y una teorías de que lo que sale en la película no es posible. Va a ver una de terror y salta con que es predecible y poco original. Va a ver una de ciencia-ficción y te hace creer que tiene un doctorado. Va a ver una comedia y dice que es aburrida. Y así, sucesivamente. Por tanto, la pregunta es, ¿por qué va al cine entonces? Yo me baso en el bautizado por mí "argumento del imbécil". Si gasta dinero de forma constante en algo que no le gusta es, literalmente, un imbécil. Y créanme, hay mucho imbécil suelto. Demasiado... Este modelo de imbécil es molesto aunque soportable, ya que aunque no le guste lo que ve no es excesivamente pesado intentando imponer su criterio. El problema viene cuando ese imbécil se convierte en tocapelotas. Aquí ya cambia la cosa, puesto que el imbécil tocapelotas siempre creerá que él tiene la razón en todo y, por ende, te intentará convencer de que él (o ella) es el que posee la verdad absoluta alegando que tú no tienes ni puta idea. "Reconoce que tus gustos son una mierda", "Qué mal gusto tienes, no me jodas" o "Reconoce que no tienes ni puta idea de cine" podrían ser tres frases recurrentes que se amoldarían a la manera de entender la vida de este formato de especímenes. No son paranoias mías, esas frases han sido pronunciadas alguna vez. De hecho, conozco (o he conocido) diversos especímenes que podrían situarse en esta categoría. Tampoco es cuestión de dar nombres ya que, si bien creo que con este artículo va a arder más de uno, no quiero otorgarle a nadie el placer de señalarme con un dedo acusador.

Dicho esto, me remito al perfil Boyero. Ya sabemos todos quién es Carlos Boyero, no hacen falta presentaciones. Ahora bien, ¿reporta algún tipo de placer cinéfilo, o cinéfago, su postura constante de "no me gusta nada y todo me parece una mierda"? Aunque, por lo menos, no intente adoctrinar a nadie, debe de ser agotador ser como él, en serio. No obstante, no considero justo para él enmarcarle en el grupo de los imbéciles tocapelotas porque, al margen de que pueda o no ser un amargado (no lo sé porque no he tratado nunca con él), se dedica a eso y se limita a dar su opinión. Más agotador debe ser pasarse el día encabronado haciendo una labor que no reporta ningún beneficio económico como es el caso de los cientos y cientos de bloggers que se dedican a masacrar sin pudor el trabajo ajeno. Vamos a ver, criaturillas, ¿tanto placer anal os da el hecho de poner a parir cualquier película, sólo por el hecho de ganar lectores sembrando la polémica? Que no ganáis un duro, coño, dejad de joder la marrana. Detrás de la elaboración de una película hay gente que quiere comer, por eso hacen su trabajo. ¿Cómo nos sienta a nosotros cuando nos dicen que nuestro trabajo es una mierda? Mal, ¿verdad? Pues apliquémonos el cuento, y no critiquemos encima si no hemos pagado por lo que consumimos. En base a esto, no me queda más remedio que incluiros en una subcategoría del imbécil tocapelotas, el de "quiero y no puedo". Es decir, aquí todos sabemos de cine, todos somos los más listos, pero o bien no hemos estudiado cine como tal o directamente no hemos estudiado nada. Pero sí, queda genial atacar no sólo el estreno de la semana, que en muchos casos se consigue de manera ilegal a través de una descarga de la Red (blogs sospechosos los he leído ya a montones), sino también a aquellos espectadores que sí que disfrutan de verdad con el cine, y me refiero al cine en todas sus vertientes. Porque, desde luego, el espectador aficionado que siente pasión por el cine, os aseguro que no va a degüello como hacen muchos, no va a buscar cualquier pequeño fallo que pueda tener la obra en cuestión sólo para destrozarla. No va a buscar micrófonos que se cuelan en el encuadre, no va con la novela en la mano cuando se trata de una adaptación al cine, no va a buscar verosimilitud si la película trata de cocodrilos asesinos, no va a buscar realismo en una cinta de acción rollo Van Damme, no. Rotundamente no. Si estamos hablando de alguien que sí hace eso, señoras y señores, estamos hablando de un grado de imbecilidad superior.

Por supuesto, muchos imbéciles muestran además un perfil obsesivo, persiguiendo sin pudor alguno a aquellos aficionados que defienden sus ideas a capa y espada para intentar derribarles en constantes combates verbales (y digo verbales porque en más de una ocasión las ganas de arrearle una buena hostia a tu oponente son bastante grandes). En este caso, pongo de ejemplo una curiosa anécdota que me ocurrió en mis tiempos de Universidad. Corría el año 2003 y los enfados constantes sobre la saga Matrix y la "poca idea" que yo supuestamente tenía ya empezaban a hacer mella en mí. Cuando se estrenó la tercera entrega, Matrix Revolutions, una tal Inmaculada (creo recordar que se llamaba así) se tiró como media hora buscándome por los pasillos de la Facultad de Biología para venir a decirme una frase repetitiva y asfixiante: "qué mala es, pero qué mala, pero qué mala es". Repitió la frase, profunda como podéis apreciar, hasta siete veces. Y no, no exagero. Ante semejante ataque verbal yo le repliqué, "a mí me ha gustado, me lo pasé muy bien, no me parece mala en absoluto". Sin embargo ella contestó: "es mala". ¿Notáis la diferencia? ¿Merece la pena dialogar con esta clase de borregos impositivos? Pues claro que no merece la pena, pero es que se juegan a pulso que quieras soltarles una buena bofetada. Por supuesto, la persecución duró meses y yo ya no sabía ni qué contestar, tan sólo pasaba de ella y a otra cosa. Aparte de ese perfil obsesivo, muchos haters van de cultos, siendo aquellos que reniegan de cualquier tipo de cine que no sea el centrado en la denuncia social, como por ejemplo, el fantástico en su sentido más amplio (ya que hay mucho cine de denuncia dentro del género fantástico) o ese que cree que siempre es mejor leer un "buen libro" antes que ver una película, aunque el libro que tenga entre sus manos sea un best-seller de baratillo para cerebros enajenados. Por supuesto, hay espectadores de todo tipo, desde los que sólo degustan las películas románticas de factura alemana que La 1 nos ofrece todos los fines de semana o los telefilms clónicos de Antena 3, hasta los que devoran serie B, serie Z, trash, cine comercial o cine independiente. Hay de todo, pero esto no los hace mejores que otros, algo que a muchos aficionados de pacotilla se les olvida, especialmente a aquellos que consideran una pérdida de tiempo el mero hecho de ver Anaconda, Desaparecido en combate, Delta Force, Soldado Universal, Hellraiser o un largo etc. de títulos enmarcados en diferentes categorías pero que se encuentran alejados de las consabidas obras maestras que todo el mundo conoce. Sí, todos somos muy listos, a excepción de los haters, o imbéciles, que aquí dejo ver.

Aparte de los blogs especializados dirigidos por auténticos artesanos del odio, estos seres indeseables se pueden localizar también en diversos foros o grupos de las Redes Sociales (Facebook, por ejemplo) en los que vomitan sus intransigencias diarreicas como si no hubiese un mañana. Pero es que la desgracia no acaba ahí, qué va, la pena es que muchos de estos imbéciles no saben ni siquiera escribir, arreando coces constantes al diccionario. No quiero meterme en terrenos excesivamente pantanosos porque todos podemos pecar en algún momento y cometer alguna falta ortográfica pero, por favor, basta ya. Lo realmente indignante es la utilización de coletillas como "pese a quien le pese". Con semejante conjunto de palabras queremos dejar claro que nosotros somos los que tenemos la verdad más absoluta de nuestra parte. Eso me remite al sonado estreno de la última película de Zack Snyder, Batman v Superman: El amanecer de la justicia, cuando un usuario de Facebook aludía a los "defensores de DC" y su "vista nublada", algo que les impedía ver que "BvS no era una buena peli". Bien, pues para un servidor ese título roza prácticamente la maestría más absoluta, y nadie me convencerá de lo contrario. Es más, tampoco se me verá a mí intentando convencer a alguien que no le ha gustado de que está errado. Esa es la diferencia entre un imbécil de pro y yo.

Mi reflexión final es que ya bastantes problemas tenemos ya en el mundo y en la vida como para discutir por algo que se supone que es para alegrarse y pasar un muy buen rato, o incluso para llenarnos el alma, como es mi caso. Pero en vez de eso, hay quienes prefieren vivir encabronados constantemente actuando como auténticos fascistas que pretenden imponer su criterio  y que, si alguien se les contrapone, automáticamente le tachan de inepto. Pues bien, estoy hasta los cojones, así lo digo. Estoy harto de que en medios como Aullidos, Abandomoviez, Filmaffinity y en cualquier recoveco ya mencionado de las Redes Sociales o en cualquier infecto blog, siempre haya alguien que tiene que terminar por descalificar a los demás cuando sus formas de pensar son contrarias. Por este motivo vivíamos mejor antes, en la era de la desinformación, donde la única forma de opinar era a través de las cartas de los lectores a revistas especializadas en el tema. Y ya, no había interacción, no había más historia. Pero no, ahora siempre hay que opinar y sinceramente, estoy muy pero que muy harto de los cinéfilos de pacotilla, entre los que incluyo a los cinéfilos tecnológicos, un concepto que comparto con mi amigo, compañero cinéfago, cinéfilo y reseñista Gerardo Medina Pérez (del blog Cinéfagos Anónimos). Siento ser tan claro, pero es verdad. No puedo soportar la constante falta de decoro hacia mi persona, o la de cualquier semejante, cuando se insiste de forma reiterada en que me/le gusta la basura. Sí, me gusta el cine basura, la serie Z, la serie B y la serie A. Es decir, me gusta el cine en su conjunto y si a ti, querido lector, te gustan los telefilms de Antena 3, voy a dejarte vivir sin problemas. Yo no soy como el colectivo enfermizo que detesta las secuelas de Matrix. No, yo no soy de esos, yo soy normal y educado, no un mísero cretino que piensa que su verdad es la única. En este sentido, si yo administrarse un grupo, cosa que de hecho, hago, no toleraría ningún comentario de esa índole. Censura preventiva contra la estupidez, señores.


Ah, sí, una recomendación de buen samaritano: Si vais a vivir encabronados, ¿no os compensa dejar el cine? Pensadlo, es importante.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Confundiendo términos: ¿Pornografía o erotismo?

El artículo que vengo a comentar esta mañana es uno escrito por Luigi Landeira y publicado en El País el 18 de noviembre de 2016. Textualmente, el artículo comienza así: Cuando el crítico de arte Roland Penrose le preguntó a Picasso qué opinaba de la distinción entre erotismo y pornografía, éste le contestó: “Ah, ¿es que hay alguna diferencia?”. Y es que las fronteras entre ambos géneros son tan difusas que muchas veces llevan al espectador a confundirse.

Con esta vaga premisa, el autor se permite el lujo de soltarnos a continuación un discurso moralista pésimamente disimulado en el que comete el terrible pecado de confundir churras con merinas, englobando un buen puñado de títulos de alta carga erótica en el género pornográfico sin orden ni concierto alguno. Señor mío, si usted se va al Diccionario de la lengua española, verá que el término pornografía se refiere a:

1. f. Presentación abierta y cruda del sexo que busca producir excitación.
2. f. Espectáculo, texto o producto audiovisual que utiliza la pornografía. Prohibieron la venta de pornografía en los quioscos.

Que yo sepa, por mucha carga sexual que tengan cualquiera de las películas presentadas en este listado, ninguna puede compararse, a excepción quizás de Calígula y Nymphomaniac,  a títulos como Millionaire, Orgy at the Villa, Cleopatra, DownWard Spiral, Barcelona Sex Secrets, The Whore of Wall Street, y un largo etc. que sí pueden entrar en la categoría de pornográficos. Por ende, y esto es una recomendación personal que usted puede seguir o no, tenga claro el concepto de algo que quiera presentar en un artículo, aunque con él tan sólo busque la polémica gratuita. Eso sí, veo que aquí también se confunden términos, ya que no pocos de los títulos mostrados provocan sonrojo más que excitación.

He de aclarar que para mí esto no es un artículo de opinión, ni siquiera entra en la categoría de "opinión personal válida" porque no se apoya en hechos fehacientes y demostrables. No me sirve como tal. Creo que a la hora de tocar un tema tan sensible como el de la pornografía, hay que ser más riguroso y no ir de mojigato, cosa que me parece curiosa en un diario supuestamente de izquierdas, aunque visto lo visto tampoco me sorprende tanto a estas alturas. Es más, poco puedo esperar ya de un diario que lleva más de treinta años atacando salvajemente el cine de género y cometiendo contra él toda una campaña de desprestigio. No hay más que darse un paseo por su hemeroteca para encontrar críticas (es un decir) de su cambiante plantilla cargadas de odio, mojigatería y propaganda de adoctrinamiento. Si quieren sacamos a relucir el retrógrado artículo que publicaron en 1985 en referencia a la segunda entrega de Rambo ("Rambo', una forma peligrosa de hacer dinero), a ver si eso puede ser considerado como buen periodismo...

Aunque, claro, ante el panorama que tenemos en el cual se aprovechan los medios de gran difusión para moldear el cerebro de las grandes masas, no me extraña nada que escritos de este calibre vean la luz, como tampoco me sorprende que se confundan términos hasta el punto de condicionar qué títulos van destinados a salas comerciales. En este sentido, Saw VI tuvo mil y un problemas para ser estrenada, cosa que logró un año después, tras haber recibido una absurda calificación X. Sin embargo, Anticristo, de Lars Von Trier, y además comentada en el artículo que ha dado pie a todo este discurso que he soltado, pudo verse sin problemas a pesar de contener escenas gráficas como una penetración o mutilaciones genitales en primer plano. Absurdo.

Ahora bien, en resumidas cuentas mi consejo es que este señor se siente en su sofá a ver una película pornográfica de verdad, cualquiera de las que yo he citado anteriormente le podría servir. Porque el porno, a pesar de ser algo sano y divertido si se consume con moderación, es aquel en el que se ven de forma explícita todo tipo de prácticas sexuales (repasemos la definición del principio del artículo). Puede que sea más o menos extremo, y puede gustar o no, al igual que ocurre por ejemplo con el cine de terror. Pero, ¿meter en el saco del porno todos estos títulos? Directamente, se nos está llamando idiotas en nuestra cara, tal cual. Por tanto, me enfada bastante el hecho de que este tipo de artículos difamatorios y llenos de corrección política vean la luz. Vea porno, señor, y disfrute sin prejuicios, aunque visto lo visto, con la pretendida lección de cine que ha querido darnos, queda claro que le falta más de un hervor.

Podéis leer el artículo original pinchando en el siguiente enlace:

http://elpais.com/elpais/2016/10/10/icon/1476107274_377659.html?id_externo_rsoc=TW_CM

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Maniac Cop



Director:  William Lustig

Guión: Larry Cohen

Reparto: Tom Atkins, Bruce Campbell, Laurene Landon, Richard Roundtree, William Smith, Robert Z'Dar

Reseña:

Recientemente, he vuelto a revisar esta genialidad dirigida por William Lustig (Maniac) y escrita por el incombustible Larry Cohen. La película narra como  una serie de brutales crímenes están aterrorizando la ciudad de Nueva York. Sin embargo, los asesinatos no son cometidos por un psicópata cualquiera sino por un ex-policía, Matt Cordell. La policía detiene al oficial Jack Forrest, acusado de cometer los asesinatos después de que su mujer aparezca salvajemente asesinada.  A pesar de todo, la compañera de Forrest, Teresa Mallory, está  plenamente convencida de su inocencia...

Con este argumento tan atractivo arranca uno de los mejores thrillers de terror de la década de los 80. Sus mayores bazas son las geniales secuencias de acción, logradas por el buen trabajo conseguido siempre por el tándem Lustig/Cohen, las estupendas interpretaciones de su plantilla de actores (destacando sin duda a Bruce Campbell) y las consabidas y esperadas dosis de sangre. Resulta además una película del todo estimulante al contar la historia del típico policía rudo que se salta la ley a la torera, pero dándole un giro total, al ser éste el villano y no el salvador. Es decir, imaginaos a Harry el Sucio traicionado y vengativo, sería el corpulento Matt Cordell sin duda alguna. Cómo maneja Cohen todo el suspense a lo largo del guión es sin duda para enmarcar, ya que juega con el espectador de una manera asombrosa, haciendo con él lo que le viene en gana. Es todo un acierto presentar en un principio la figura del psicópata para después comenzar una presentación de libro de los personajes, seguir con un desarrollo ágil y directo de toda la trama de investigación y finalizar con un clímax cargado de persecuciones, tiros y sangre.

Desde luego, Maniac Cop supone todo un soplo de aire fresco al género de terror ya que revitaliza la concepción del slasher más simplón al introducir además una trama vengativa, no contra un grupo concreto de individuos en mayor o menor grado de estupidez, sino contra todo un estamento como es el de la policía. Aquí juega un papel clave, cómo no, todo lo concerniente al aire de crispación que se respira en la caótica y peligrosa ciudad de Nueva York, que poco tiene que ver con  lo que es a día de hoy, o al menos no de un modo tan exagerado y visceral. Sin duda, resulta turbador ver cómo los ciudadanos de a pie se toman la justicia por su mano y empiezan a masacrar policías. Bestial.

Maniac Cop es una película muy recomendable, sencilla, pero muy bien hilvanada, especialmente por lo más primordial: un buen libreto. Fue seguida por dos continuaciones, Maniac Cop 2, para mí superior a esta primera entrega y mucho más salvaje y extrema, y una rocambolesca y problemática tercera entrega, Badge of Silence: Maniac Cop 3, que también tiene sus buenas virtudes a pesar de entrar directamente en el terreno del thriller sobrenatural.

No la dejéis escapar porque, de verdad, merece muchísimo la pena.


Editada en España por Research Entertainment, en Blu-Ray (BD-R) y DVD, y dentro de una colección Halloween, de distribuidor desconocido, y seguramente de condición pirata, que se puede comprar en centros como Carrefour y similares.

martes, 15 de noviembre de 2016

Troll 3



Director:  Joe D'Amato, Fabrizio Laurenti

Guión: Rossella Drudi, Fabrizio Laurenti, Albert Lawrence, Daniele Stroppa

Reparto: Mary Sellers, Jason Saucier, Bubba Reeves, Chelsi Stahr, Vince O'Neil, Billy Buttler, Lord Chester, Patrick Collins, Eddy Eby, Dennis Fitzmorris, Jim Julian, Carol Kroft, Kevin Kroft, Neil O'Connor, Addie Peadair, Jaymzlinn Saxton, Gabriele, Merrill Weech

Reseña

Joe D'Amato dirigió en 1993 esta falsa continuación de Troll para la Filmirage (La Casa 3, La Casa 4, La Casa 5...), centrada en el ataque a un pueblo por parte de una planta mutante afectada por los desechos radiactivos procedentes de una fábrica de la que no se menciona nada acerca de sus actividades productivas durante toda la película.

La producción es la típica italianada (sin que eso sea algo malo, quiero aclarar) cargada de momentos sanguinolentos, acción por doquier, una banal trama de investigación y suspense y las consabidas dosis de terror.

Con reminiscencias a Temblores, no hay ni una sola referencia al troll que da título a la película debido a que su título original es Contamination .7, en un alarde más del oportunismo típico que suele caracterizar a muchos distribuidores españoles.

Una cinta de terror pensada solamente para los aficionados más desprejuiciados al terror italiano, a la serie B tirando a Z y al gore verbenero.


De lo más recomendable.

Podéis ver esta película en el canal Dark.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Cazafantasmas (2016)



Director: Paul Feig

Cazafantasmas, de Paul Feig

Guión: Katie Dippold, Paul Feig (Personajes: Harold Ramis, Dan Aykroyd)

Reparto: Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Leslie Jones, Kate McKinnon, Cecily Strong, Chris Hemsworth, Andy Garcia, Michael Kenneth Williams, Neil Casey, Matt Walsh, Nate Corddry, Mark Burzenski, Pat Kiernan, Nick Austin, Bill Murray, Ernie Hudson, Sigourney Weaver

Reseña:

Ante la moda de los remakes, reboots o como quiera que se llame la maniobra de exprimir lo inexprimible siguen apareciendo, mes a mes, infinidad de productos clónicos que se basan en la reformulación de lo que ya funcionó muy bien treinta años atrás con el fin de atraer a un público más joven e  incapaz de ir a buscar esos títulos clásicos en la tienda más cercana o, por muy mal que suene, descargarlos de Internet. Por  este motivo de inutilidad incomprensible, entre otros tantos (supongo), la industria de Hollywood pilla en cada momento el éxito del que crea que puede sacar más dinero y lo recicla ofreciendo, en suma, lo mismo de siempre. El caso de Cazafantasmas no es diferente, pese a toda la errática, confusa y sufrida trayectoria que ha tenido que atravesar el proyecto. A mi entender, este remake, porque de eso se trata, de un mísero remake, es verdaderamente insufrible y no supone para nada un homenaje a la cinta original, sino todo lo contrario, hace que nos lamentemos por su falta de respeto a una cinta que no, no tenemos encumbrada, es que realmente es una auténtica maravilla.

¿Qué cuenta Cazafantasmas? Pues lo mismo que la primera, pero en peor. Manhattan, NY. Las científicas Erin Gilbert (Kristen Wiig) y Abby Yates (Melissa McCarthy) publicaron hace un tiempo, y sin éxito alguno, un libro sobre la existencia de fantasmas. A día de hoy, Erin aspira a un prestigioso puesto en la Universidad de Columbia pero cuando su libro ha vuelve a salir a la palestra por culpa de Abby, se topará con un serio obstáculo a la hora de conseguir el trabajo de sus sueños. Decidida a que su antigua amiga  pase página de una vez por todas, acurde a su encuentro, descubriendo el fin de sus experimentos científicos es demostrar la existencia de fantasmas. ¿Original, eh? Básicamente es lo mismo de la película del 84 pero infinitamente peor, en todos los sentidos, desde una introducción de telefilm barato para infantes, pasando por unapresentación de personajes principales torpe y absurda hasta un malvado de turno insulso, sin garra ni gracia.

Pese a que todo lo recitado anteriormente es para llevarse las manos a la cabeza, el verdadero culpable de este desastre mayúsculo es el guión escrito por Katie Dippold y Paul Feig, cochambroso, ridículo y fatal se mire por donde se mire. No tiene fuerza, no tiene vida, no tiene la frescura y desparpajo que tenían las dos geniales piezas de los 80. Por no hablar, por supuesto, de unos diálogos en absoluto inspirados que recurren a la broma fácil y al humor para niños propio de cualquier película infantil de las de "al peso".

Al igual que su colaboración en el guión, la dirección de Paul Feig es cien por cien inexistente, quedando salpicada además por un diseño de producción ramplón y sin fuerza visual alguna. Es una pena teniendo en cuenta la gran trayectoria del cineasta, y más aún teniendo en su currículum joyas de la talla de La boda de mi mejor amiga.

Seguramente, ninguno de los argumentos que he planteado con anterioridad van a jugar precisamente a mi favor dada mi trayectoria como reseñista cinematográfico. Así que creo que voy a tener que recurrir a algo más básico: Este subproducto es aburrido hasta la náusea. Hubo momentos en los que, de verdad, deseé abandonar la sala, algo que está totalmente en contra de mis principios. Cada minuto pesaba sobre mí, no paraba de mirar una y otra y otra vez el reloj... cosa verdaderamente extraña ante la ingente cantidad de cosas raras que suelo degustar, ¡pero es que no me interesaba nada de lo que ocurría en la pantalla porque en realidad no ocurría nada!. Y sí, efectivamente todo aquel suplicio se materializó en un final artificioso e infográfico tan sumamente lamentable que supe que el film no tenía posibilidad alguna de redención. En otros casos es probable me hubiese mostrado más comedido pero aquí no, lo siento, porque me han mancillado mi gran clásico de los 80, un film cargado de sentido de la maravilla criticado injustamente a día de hoy por aquellos que quieren ensalzar este esperpento ridículo e innecesario que causa más pena y repugnancia que cualquier otro estreno de baja categoría de tantos que estrenan a día de hoy. No deja de hacerme gracia, no obstante, todo ese revuelo que se ha montado acerca de aquellos críticos que no hemos aprobado la cinta, recibiendo acusaciones sobre lo misóginos y machistas que somos. Señoras y señores, no, no se trata de machismo, al contrario. Creo que los que lanzan tales ataques ejercen un feminismo mal planteado, si es que podría llamarse así. La igualdad no se resume en pillar por banda todo gran éxito protagonizado por varones y reformularlo en clave femenina (miedo me da lo que van a hacer con Ocean's Eleven), pues una maniobra así no es sino banalizar y reducir a escombros los principios básicos del feminismo. Y si no, hablamos del personaje de Chris Hemsworth, que es de vergüenza ajena.

En fin, Cazafantasmas es una película lamentable, anticinematográfica y directa para enviar al cubo de la basura, de donde no debería haber salido jamás. Sin duda alguna, la peor película del año y una de las mayores tomaduras de pelo de la historia del cine.


Nota: Por primera vez en la historia de la Humanidad, un 0 como una catedral.

viernes, 11 de noviembre de 2016

1968: Tunnel Rats



1968: Tunnel Rats, de Uwe Boll.

Con Michael Paré, Brandon Fobbs, Garikayi Mutambirwa, Rocky Marquette, Erik Eidem, Mitch Eakins, Brad Schmidt, Jane Le, Jeffrey Christopher Todd, Wilson Bethel.

Reseña:

Uwe Boll se pasa al cine bélico con 1968: Tunnel Rats, y el resultado es, cuanto menos, estimable. Padre de un buen puñado de films odiados por crítica y público hasta el exceso, tales como House of the dead, Alone in the Dark, BloodRayne, Postal, Far Cry, En el nombre del rey... el señor Boll es simplemente un tío peculiar que, durante los últimos años hasta su recientemente anunciado retiro, ha hecho lo que le ha salido de los cojones. Y punto.

Con esta Tunnel Rats se narra la historia de un grupo de soldados norteamericanos que en plena guerra de Vietnam deberán introducirse en los túneles que empleaba el Vietcong para así forzar combates cuerpo a cuerpo con los soldados vietnamitas. Una idea bastante potente y de resultados interesantes. A pesar de contar con los típicos defectos propios del cine del germano, algo que debería elevarle a la categoría de autor, el film no está nada mal.

Recreándose en las escenas sangrientas con el único fin de impresionar, Tunnel Rats recurre demasiado a los efectismos y goza (es un decir) de planos excesivamente largos como recurso para crear tensión. Este defecto ya lo tenía Seed, en el que Boll no tenía bastante claro el concepto de mantener el interés, y película que recomiendo ver en su versión uncut. No obstante, las escenas que transcurren en los túneles son bastante agustiosas, y he aquí el mayor logro de la cinta, ya que consigue momentos, no sólo tensos, sino realmente crudos y brutales.

Por supuesto, los momentos de acción se le van de las manos a Boll, como bien le suele ocurrir en la mayoría de sus trabajos. Aunque esta vez cuenta con un guión bastante elaborado que dosifica los momentos dramáticos, y que además destaca por no ponerse del lado de ningún bando, sino por plantear a ambos del mismo modo, reflexionando sobre el salvajismo que tanto americanos como vietnamitas podrían llegar a mostrar. Y, de hecho, la película encierra momentos tan incómodos como logrados.

Plagada de actores prácticamente desconocidos, a excepción del fijo Michael Paré, el film cuenta con interpretaciones más que correctas y, en conjunto, está bien realizada, con los ya definitorios planos de los que es capaz nuestro director alemán, incluyendo esa nueva tendencia que muestra en sus últimas películas de rodar cámara en mano. Eso sí, aquí no hay bullet-time, cosa que se agradece. Gran admirador de Coppola, Uwe Boll ha querido imitar la obra maestra de éste, Apocalypse Now pero, evidentemente, los resultados son bastante inferiores.

No va a pasar a la historia del cine como uno de los referentes de la guerra de Vietnam, ni siquiera junto a obras recientes como Rescate al amanecer, precisamente por sus efectismos. Pero, sin embargo, sí que nos encontramos ante uno de los mejores trabajos de Uwe Boll.

Un 6,5.