lunes, 28 de mayo de 2018

Cuando nos alegramos de la "desgracia" ajena


Cuando nos alegramos de la "desgracia" ajena

¿Gente alegrándose por el hecho de que una película se la pegue en taquilla? Es algo que está pasando. En una época en la que la corrupción política campa a sus anchas, los trabajos son cada vez más precarios, la suciedad nos invade en cada metro que pisamos y la educación desciende a niveles que superan con creces los límites de lo tolerable, parece ser que algunos individuos prefieren alegrarse ante el batacazo comercial de determinado tipo de películas sin importarles absolutamente nada más. En este grupo de cabrones (lo siento, no se me ocurre otro calificativo) encontraremos al gafapaster de pro, ese ser indeseable que cree que el cine únicamente es arte y que en absoluto puede estar pensado para ganar dinero. Que me expliquen entonces de qué coño quiere vivir el artista. También encontraremos al frustrado eterno adolescente (da igual la edad que tenga que su forma de pensar siempre será la de un púber o prepúber) al que le faltan uno, dos, tres, cuatro hervores, ese individuo pedante que puede o no haber estudiado carrera universitaria y que siempre ha de creerse en posesión de la verdad absoluta en cualquier tema de conversación. Da igual que hables de política, de música, de literatura, de cine... él/ella siempre ha de creer que está en lo cierto, y no da pie a ningún tipo de debate ni intercambio de información u opinión. Para este tipo de ser tú no tienes ni puta jodida idea. Este segundo grupo es más complejo que el gafapaster porque se antoja mucho más inestable, es decir, puede pregonar que le encanta el cine pero nunca le oirás hablar bien de una película. Si tú dices que tal o cual película es buena, hará lo posible por intentar cambiar tu opinión, te insistirá en que es una mierda y al cabo del tiempo extenderá el calificativo de mierda a todos tus gustos. Por el contrario, si a ti una película te parece horrorosa, a él le parecerá lo contrario. Y además usará expresiones del tipo "Sí, claro...", "Vaya mierdas ves..." o "Es que no tienes ni idea" o "Yo a eso no me acerco ni con un palo". Es decir, respeto cero. Por supuesto, no debemos confundir términos y hay que saber diferenciar si estas expresiones nos las dicen en tono jocoso o no, pues todos las hemos empleado alguna vez en un contexto amigable.

Volviendo a lo que comentaba al principio, el nivel de odio que se alcanza en esta sociedad y que se expande a los campos más intrascendentes, les lleva a algunos seres a alegrarse porque, por ejemplo, el último título de la saga galáctica por antonomasia, Han Solo: Una historia de Star Wars (Ron Howard, 2018), no haya funcionado del todo en taquilla. Aquí incluyo por supuesto la campaña de odio ejercida por determinados seres en la red social Twitter. No pueden darse cuenta del ridículo que hacen y llegan a atacar al biempensante de una forma que en ocasiones invita a abandonar dicha red social y no volver jamás. Su ataque es gratuito, forzado y emana un horrible tufo a gafapastismo recalcitrante.

Ahora propongo un razonamiento: Imagínense que en su día a día alguien les dice que su trabajo es una soberana mierda, que no valen para nada y que mejor se dediquen a otra cosa. ¿Jodido, eh? ¿Quién le da derecho a la gente, incluidos los indeseables críticos cinematográficos, a poner en tela de juicio la labor que hacen los demás para ganarse su dinero? Muchos se saldrán por la tangente y replicarán a este razonamiento diciendo que los grandes estudios son mafias y que no les hace falta el dinero y tal... Bien, por poner un ejemplo, si no estás de acuerdo con las grandes empresas, no compres en centros comerciales. Es así de sencillo, limítate al pequeño comercio. Todos, incluso el artista independiente, necesita comer, y para comer hace falta dinero. Si no hay dinero, no hay comida. Evidentemente, es muy bonito pensar así cuando tienes la vida resuelta, cuando vas gratis a todos los preestrenos habidos y por haber y vives a costa del dinero que mamá y papá tienen en cantidades industriales. Así, yo también. Hace ya tiempo una señorita acomodada me decía que no hacía falta dinero para vivir, que mucha gente así lo hacía. Evidentemente, cuando papá médico te paga el smartphone más caro, los mejores viajes, el piso, el alcohol, la ropa de Abercrombie y la universidad pública o privada, la forma de pensar igual se moldea un poco.

¿Qué pasa si en la empresa en la que usted trabaja empieza a haber problemas económicos y despiden a media plantilla? Si yo me alegro de semejante desgracia alguno puede sentirse ofendido, ¿verdad? En teoría, esta sería la respuesta más lógica por alguien que tenga un mínimo de empatía. Pues piensen ustedes en esto la próxima vez que le deseen el mal a una película. Detrás de un film hay mucha gente trabajando pero, claro, somos tan limitados que eso no lo entendemos, o no queremos entenderlo.

Este es un ejemplo más de lo podrida que está la sociedad actual y de cómo las redes sociales mal empleadas son un germen a erradicar, un mal que cada día crece más y más de manera exponencial infectando los cimientos de una sociedad basada en el respeto y cada vez más utópica. Da igual a cuántos nos llevemos por delante, el cine es un arte, ¿no?

Por Pablo Rodríguez Sierra

viernes, 4 de mayo de 2018

De la filmoteca al videoclub: La corriente hater que envenena las redes sociales


De la filmoteca al videoclub: La corriente hater que envenena las redes sociales

Como cada vez que digo que voy a escribir un artículo en forma de ataque a cierto colectivo se me pasa el enfado a los pocos minutos, siempre dejo la tarea pendiente. Ahora bien, en el momento de escribir estas líneas estoy bastante calentito, por lo que voy a aprovechar seriamente para dejar clara mi forma de pensar en cuanto a un tema que está cabreando a muchos en las redes, y con no poca razón. Siempre hemos tenido que soportar la intransigencia de los demás cuando disfrutábamos con alguna afición, siempre, ya fuese por parte de un familiar o alguien que se hacía llamar amigo/a. Siempre hemos tenido cerca al típico compañero de instituto, universidad o trabajo que te ha estado increpando para saltar en defensa de tu libro, cómic, grupo de música o película favoritos. El mundo siempre ha sido de los listillos, siempre ha estado gobernado por los fascistas y, en cuanto a tendencias artísticas, ocurre exactamente lo mismo que en política. Antes podías pasar más o menos de las opiniones tóxicas (o más bien juicios tóxicos), ya que las vías de comunicación eran más limitadas, y el haterismo menos evidente. A día de hoy, esto no es así, y tenemos toda una corriente de veinteañeros que pretenden imponer su criterio menospreciando, insultando, faltando al respeto y entregando un carnet de cinéfilo a todo aquel que sólo consuma el cine de Lars Von Trier, David Lynch, Godard y un largo etc. de directores que parece han de eclipsar a todos los demás. Y así nos va, señoras y señores, así nos va. No por el hecho de cuestionar el trabajo de esos directores, sino porque el cine es un todo, y no hay que abstraerse a un tipo determinado, ni menospreciar lo que no nos guste. Por no gustarte determinado tipo de cine no dejas de ser una persona que se merezca respeto. Y por desgracia las redes sociales han contribuido a que ese respeto que todos nos merecemos como seres humanos se pierda por completo.

Por ejemplo, en la red social Twitter. Basta que un compañero suba a la red una fotografía de sus últimas compras para que algún subnormal entre al trapo intentando dinamitar el hilo con comentarios del estilo de "tal o cual película es una basura". ¿Por qué hemos de soportar algo así? ¿Qué gana un/a intransigente con ese tipo de comportamiento? Yo opino que absolutamente nada más que generar odio y aversión. Es más, muchos de estos "valientes" se escudan en que se sientan ante un ordenador a cometer sus tropelías. No me sirve de nada que en persona sean "adorables" o "unas personas estupendas", lo que cuenta es lo que escriben en la red. Es por todas estas razones por las que no entiendo el comportamiento de estos seres, que viven más preocupados de que en su ciudad no se estrene tal o cual película de autor en vez de luchar por los derechos fundamentales de toda persona. No es cuestión de mezclar conceptos, es que realmente no puedo comprender que haya gente tan obsesionada con el supuesto séptimo arte como para ir dando lecciones a los demás sobre lo que sí es cine o lo que no. De hecho, es tal la anormalidad y deficiencia mental (o más bien falta de madurez) de estas personas que algunos usuarios se han llegado a crear cuentas secundarias para atacar a aquellos espectadores que entienden el cine como una mera vía de escape de la realidad, dejando sus pretensiones artísticas a un lado para centrarse exclusivamente en el espectáculo sin concesiones. No hay nada de malo en ello, pero para esta gentuza parece ser que sí. Manipulan, atacan, insultan sin pudor, hacen comentarios que rozan la ilegalidad haciendo una apología del odio que en ocasiones podría ofender al más sensible... una auténtica pena. Y las redes lo consienten, porque sus normas son un tanto laxas y siempre tienen un doble rasero a la hora de juzgar. No es libertad de expresión, es apología del puterío, la mala baba y el desprecio más vergonzante a todo aquello que no se mueva según sus cánones preestablecidos.

De todos modos, y resumiendo, vamos a pensar detenidamente en la situación real: Lo que pueda o no escribir un puñado de mongoloides acerca de nosotros nos debería importar un comino porque son sólo palabras dichas por gente a la que le falta un hervor. No nos hemos detenido a pensar en qué clase de individuos son, ¿verdad? La mayoría son universitarios con aires de superioridad, la figura que está fomentando el gobierno de la derecha. Sólo por el hecho de estudiar una carrera, o simplemente por aparentar que la estudian, ya se autoproclaman eminencias y desprecian sin medida a todos aquellos que no se aproximen ni siquiera medianamente a sus estándares de vida. Esta nueva juventud ha olvidado completamente lo que es la humildad, o posiblemente nunca haya llegado a aprender lo que es. El problema principal es que han encontrado en las redes sociales, sobre todo Twitter, una manera de intentar llegar a los demás pretendiendo imponer su ideología fascista (con unos planteamientos prácticamente nazis). Gracias a las redes, les hemos podido leer barbaridades auténticas, siendo una que me causó especial turbación la referida a la muerte de un espectador en la India mientras asistía a un pase de Vengadores: Infinity War. El usuario de Twitter, al que no mencionaré salvo para indicar que posiblemente sea el cabecilla de toda esta corriente de desgraciados, acusaba directamente a las majors cinematográficas de haber provocado la muerte del espectador, de poco más de 40 años. Ver para creer. Ese es uno de esos momentos en los que te das cuenta de que estamos perdiendo la poca cordura que nos quedaba. Hacer afirmaciones semejantes, acusando de dar muerte a una persona mediante una película, es síntoma de que este grupo de personas están en fase de putrefacción de su alma si es que la tuvieron alguna vez... o que directamente les falta una alta dosis de educación. Porque precisamente, respetar lo ajeno es tener educación. No me sirve de nada que tengas un montón de libros en tu casa, ya sean cómic, ensayo, novela o poesía, eso no te hace más educado. Educado te hace el saber respetar y el saber tolerar. Lo contrario te hace un ignorante, por mucha carrera o estudios que puedas tener. No va relacionado lo uno con lo otro.

Como ya he dicho, muchos de estos seres no son más que amagos de persona a los que les faltaría vivir, en caso de compartir el modo de vida yanki, en el sótano de la casa de sus padres. A este prototipo de persona, al estilo de Magnolia Fan, no le salió muy bien su delirio hater, tal como pudimos comprobar en esa genialidad de Kevin Smith, Jay y Bob el Silencioso contraatacan. Supongo que si sus padres echasen un vistazo a sus actividades tuiteras les soltarían un mandoble en caso de tener cierto nivel de raciocinio. Igual es lo que siempre les hizo falta, el bofetón que nadie les dio cuando eran pequeñitos, aparte de unas cuantas dosis de educación sobre lo que supone respetar e intentar comprender lo que para ellos se sale de la norma. Porque son de una limitación mental tan abrumadora que hasta confunden los conceptos que ellos mismos dicen manejar y haber estudiado. Volviendo de nuevo a Vengadores: Infinity War, estamos ante el blockbuster de turno, aunque esta vez se haya salido de la norma siendo una película excelente que se sitúa por encima de lo que supone un producto de semejantes características. La corriente del momento supone poner a parir, no sólo la película, sino a quienes han ido a verla con toda la ilusión del mundo. El hecho de disfrutar del buen cine de ciencia-ficción y cómic, que es lo que representa para mí esa película, le da plena potestad a este colectivo para poner en tela de juicio la condición cinéfila del espectador. ¿Bonito, verdad? Pues este es el pan nuestro de cada día... y no me da la jodida gana tener que soportarlo más.

La conclusión final que sacaremos de todo esto es que a esta gente no hay que tomarle en serio, simplemente hacerle el vacío más absoluto, aunque no sin antes recordar que todo lo que hacemos en las redes deja huella. Ignorémosles, seamos felices y transmitamos el mensaje que nos dejó la enorme obra maestra American History X: "El odio es un lastre, la vida es demasiado corta para estar siempre cabreado.” Tal vez esta frase consiga cambiar la mentalidad de muchos y les haga madurar. Porque, como he apuntado, esto no es sólo un problema de educación, es también un problema de falta de madurez. Quizás en algún momento de su vida esta gente se percate de que el crear una cuenta para molestar o pretender imponer un pensamiento termina por resultar ridículo, sin más.

Buena suerte en la vida, ya que con esa falta de valores lo vais a tener complicado.

Sigue a los #EspartanosDelCine en Twitter y verás cómo sí se puede hablar de cine sin caer en el insulto gratuito.

Pablo Rogríguez Sierra

@Peibolster

viernes, 22 de diciembre de 2017

Star Wars: Los últimos jedi


Star Wars: Los últimos jedi

Reseña:

Tras dos años de espera, y con el sabroso aperitivo de Rogue One (Una historia de Star Wars, Gareth Edward) el año pasado, ya está aquí el nuevo capítulo de la saga galáctica, Star Wars: Los últimos jedi, escrito y dirigido por Rian Johnson (Looper, 2012). Antes de comenzar con la mandanga propiamente dicha diré que mi reseña va a levantar ampollas, simplemente por el hecho de que me ha gustado y me ha parecido una muy buena película. Por supuesto, he de aclarar que lo que estoy escribiendo aquí no es una crítica, es una opinión, por lo que soy libre de exponer lo que me venga en gana sin miedo alguno a que se me rebata, discuta y respete. Porque, señoras y señores, ese es el principal problema de la gran cantidad de textos publicados en referencia a esta estupenda película: el hecho de poner en duda el criterio de los demás. Escribir es gratis, opinar también, y a día de hoy hasta un chimpancé tiene una cuenta de Twitter, Facebook, Instagram o cualquier otra red social (o pozo de mierda, según el día que tengamos). Y, como digo, es algo totalmente gratuito, como lo son muchas de las expresiones que uno ha tenido que soportar antes, durante y después el estreno de esta película. Porque es eso, una película, y como toda película perteneciente a una franquicia, tiene seguidores, o "fans".

¿Qué es un fan? La Real Academia Española define fan como un "admirador o seguidor de alguien" y como un "entusiasta de algo". No dice nada de lo que es un "fan de Star Wars", y sin embargo, muchos blogueros y tuiteros de poca monta (sin faltar, simplemente les estoy definiendo como lo que son) han decidido lo que es un verdadero seguidor de esta saga. Básicamente establecen, sin yo saber muy bien en qué se basan para tal afirmación, que un verdadero fan no aprobaría este nuevo episodio de la saga. Permitidme que me ría, pero en su cara.

¿Qué es Star Wars: Los últimos jedi? Para un servidor estamos ante una de las mejores entregas de la saga. Si bien ese puesto sigue reservado para el Episodio V, Los últimos jedi ha redefinido por completo los cánones de la saga, para bien. La libertad creativa con la que Johnson se ha puesto al frente de esta película, tanto en guión como en dirección, le ha permitido entregar un producto arriesgado y totalmente nuevo, mucho más de lo que pensaríamos muchos seguidores (fieles o no, que luego algunos tenemos la piel muy finita y se nos nota). Y he ahí el principal problema, que nunca llueve a gusto de todos. Este Episodio VIII es sin duda el mayor ejemplo de secuela atípica que tiene todas las papeletas para llevarse una buena somanta de hostias. Pero no nos equivoquemos, ello no es debido a su carencia de calidad (la calidad se tiene o no, esto sería también un punto a recordar a muchos redichos que van de listos por la vida), sino a que las comparativas son odiosas. ¿Comparativas con qué? Con el antiguo Universo Expandido. Que sí, que a todos nos hubiese gustado ver en imágenes la Trilogía de la Nueva República, pero no ha sido así, y hay que aceptarlo. Si se quiere revisitar esa saga ya están las tres novelas o los cómics. Es más, me aventuro a decir que no hubiese sido posible adaptar dichas novelas al cine debido a la situación actual de los protagonistas de la trilogía original. En este sentido, hay que tener también en cuenta que los seguidores no son los que hacen la película, sino los que pasan por taquilla, y hay un riesgo inherente a este hecho, que no les guste lo que vean. Pero ojo, no es lo mismo que un film no te guste y que este film sea malo. The last jedi no es malo ni peor, lo siento, sino todo lo contrario. Es un capítulo que fractura por completo todo lo que ya conocíamos y afianza las bases de lo que supondrá esta nueva trilogía iniciada por J. J. Abrams y superada ampliamente por Johnson. Y como ya he dicho al comienzo de mi reseña, lo hace para bien.

La historia arranca justo donde terminaba el remake, perdón, el Episodio VII. Que esto quede claro, me gusta el Episodio VII y me parece una entrega muy competente, pero huele a refrito y eso nadie nos lo debería negar. Es una cinta entretenida, ágil, divertida, con toques oscuros, muy bien dirigida y con mucha nostalgia. Y ese es su talón de Aquiles, la puñetera nostalgia que nos impide alcanzar algo nuevo y fresco. Por suerte, el primer gesto de Luke Skywalker con el sable láser en este Episodio VIII deja bien claro que los tiros van a ir por otra parte. En la película, la Primera Orden se ha vuelto más fuerte y tiene acorralada a la Resistencia, liderada por la General Leia Organa (Carrie Fisher). Mientras, en el Templo Jedi de Ahch-To, la joven Rey (Daisy Ridley) tendrá que descubrir su papel en esta guerra, con la ayuda o no del viejo jedi Luke Skywalker (Mark Hamill). Paralelamente, el piloto Poe Dameron (Oscar Isaac) se pone al frente de una misión para intentar destruir un acorazado de la Primera Orden.

El argumento de la película mola porque ofrece muchas respuestas a los enigmas planteados en la entrega anterior, pero le sobra la subtrama del acorazado. Sin ella la película hubiese quedado mejor, sin duda alguna. No obstante, su inclusión no es molesta, ni la participación en ella de ciertos personajes. Lo que realmente importa es el tríptico que aquí forman Rey, Kylo Ren y, por supuesto, Luke. Mark Hamill hace un trabajo realmente impresionante pese a no estar de acuerdo con la dirección que han elegido para su personaje.

En lo que se refiere al humor y a esa odiosa comparativa que muchos han hecho de esta entrega con La loca historia de las galaxias, tan sólo diré que estoy completamente en desacuerdo, y que ya quisiera Mel Brooks estar a la altura de una cinta de este calibre. Las notas de humor aportan frescura y ritmo, no veo en ellas problema alguno.

Es difícil escribir sobre una película en la que precisamente lo que importa es la cantidad de giros y sorpresas que encierra, por lo que me veo obligado a parar aquí, simplemente dejando bien claro que tanto los sorprendentes (y reducidos) escenarios como la banda sonora de John Williams o los efectos especiales están a la altura de las expectativas.

Para finalizar, quisiera formular un par de preguntas. La primera, ¿que Star Wars: Los últimos jedi no tiene nada que ver con la saga creada por George Lucas? No haberla vendido.

¿Está recibiendo una campaña de odio desmesurada? Por supuesto, porque odiar es gratuito y fácil, y parece ser que hay mucho pre-púber que no tiene otra cosa mejor que hacer que vomitar bilis en las redes sociales clamando al cielo para que desechen la película del canon oficial y vuelvan a rodarla como a él le hubiese gustado. Por ende, las reacciones a la película vienen a poner de manifiesto que el grado de idiocia que la sociedad puede alcanzar por temas tan banales como el que nos ocupa sobrepasa lo estratosférico. Mientras esa gente cumpla su papel, yo cumpliré el mío.

A los demás os digo: Disfrutad de la película.

Nota: 8.


Por Pablo Rodríguez Sierra

@Peibolster


domingo, 12 de febrero de 2017

Hater II: Vanagloriarse de ser un ignorante



Teniendo en cuenta que ciertos redactores no dan muestras algunas de respeto ni hacia sus lectores ni hacia aquellos que puedan discrepar con su punto de vista, tampoco debería andarme con rodeos a la hora de redactar el presente artículo y, de hecho, no lo voy a hacer.

Efectivamente, como reza el encabezado del artículo publicado en el panfleto Tentaciones, de El País, "lo que hay que leer". Haré una retrospectiva y comenzaré recordando mi artículo acerca de los llamados "haters" y su lamentable e innecesaria existencia en el mundo del arte. Remarcaré que un hater no es más que un imbécil y, dentro de su condición de imbécil, hay que matizar que encierra varias categorías, siendo una la que corresponde al llamado "imbécil tocapelotas", aquel que siempre creerá que tiene la razón en todo y que, por ende, intentará convencer de que es quien posee la verdad absoluta alegando que el contrario no tiene ni puta idea. "Reconoce que tus gustos son una mierda", "Qué mal gusto tienes, no me jodas" o "Reconoce que no tienes ni puta idea de cine" podrían ser tres frases recurrentes que se amoldarían a la manera de entender la vida de este formato de especímenes. Y aquí tenemos a uno de ellos, una persona que no ha tenido ni siquiera la valentía de firmar su artículo. Un titular como el de Supéralo: 'Blade runner' no es para tanto y podemos demostrarlo sólo podía proceder de un suplemento tan prepotente, rancio y falsamente progre como Tentaciones, un panfleto de cuarta que lleva ya varias décadas demostrando que más allá de su verborrea y su cruzada contra todo aquello que no consideran adecuado para el arte dentro de sus cuestionables parámetros, no hay nada más que ignorancia y pedantería vacua a partes iguales. Y con este artículo ya han tocado fondo, no sólo por el hecho de que NO DAN SU OPINIÓN, sino porque se muestran incapaces (de pura torpeza) de argumentar de forma creíble sus ideas.

Nosotros, como buenos haters, vamos a desmontar uno de los mitos más sobrevalorados de la historia reciente. Prepare sus defensas, mantenga la calma, y proceda a "retirar" a todos estos replicantes del pensamiento único. Señores, ser un hater no mola, no es algo de lo que enorgullecerse, sino todo lo contrario, es algo de lo que avergonzarse y motivo más que suficiente para quedarse recluido en casa con el mero fin de no contagiar al resto del Universo con su soberana estupidez. Porque, odiar el arte no es sano, es algo repudiable que entra en la tónica de muchos que creen que tienen la verdad absoluta acerca de lo que dicen, escriben y hacen. Y aquí entra tanto el odio al cine en general como el odio al cine fantástico en particular. El País lleva años y años declarando la guerra a todo el cine de género, incluyendo a guerreros como Guillermo Altares, Miguel Ángel Palomo, Antonio Albert, y por supuesto, varios individuos de la plantilla de Tentaciones (que después pasó a ser Ep3 y ahora vuelve a tener este nombre que se las trae).

Desgraciadamente, en esta corriente de odio generalizado participan numerosas webs, usuarios de Internet, artistas diversos (en mayor o menor grado de frustración) aficionados y críticos (o más bien reseñistas), que contribuyen a que se retroalimente por mero contagio. Por otra parte, la calma es difícil mantenerla si ya predisponemos al lector a estar a la defensiva ante una inminente sarta de majaderías purulentas y recalcitrantes.

Literalmente, en el artículo podemos leer: A todo el mundo le tiene que gustar Blade runner, incluso sin haberla visto. "Cada vez que vemos un plano con Harrison Ford corriendo entre niebla, humo y neones publicitarios, se nos tiene que caer la boca al suelo y estamos obligados a decir eso de "qué adelantados a su tiempo". No hay lugar para la crítica. Si a Blade runner le quitas el barrio chino, la niebla y las luces indirectas se queda en un escenario de cartón piedra con unos personajes muy poco trabajados y unas actuaciones más efectistas que emocionales. Los cazafantasmas tenía mejores efectos especiales y no nos la tomamos tan en serio. Lo primero, se escribe Blade Runner, y no, no hace falta, no es obligatorio que te guste, ni mucho menos. Pero en este caso el mero hecho de que no te guste y el comentar sus virtudes como si de defectos se tratase deja muy claro que lo tuyo no es entender de cine. Lo siento, pero es así. Y no, con ello no hay lugar para la crítica, pero por lo visto sí para la rabieta de colegial. Comparemos ambos títulos como hace el artículo, Cazafantasmas y Blade Runner. Ambas se vanaglorian de unos FX de impresión y una escenografía que quita el hipo, especialmente la  que ha servido como fuente de discordia, y de hecho fue tal su influencia y repercusión que a día de hoy podemos encontrar algún título que nos la recuerde. Pero claro, igual al autor de esta basura tenemos que explicarle antes lo que es una pintura mate y lo mágico de todo el proceso de creación de una película durante aquel tramo de la historia del cine.

El punto 2 ya cae directamente en la descalificación, y lo destaco aquí porque merece la pena dar a conocer la clase de periodismo que se hace a día de hoy:

Idioteces a las puertas de Tannhäuser

Una sociedad absurda repite cosas absurdas. "Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Naves de ataque en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser". Esta coletilla improvisada por un actor en un momento de enajenación mental se ha convertido en un tótem de la ciencia ficción y no tiene ningún sentido. Ninguno. El bueno de Rutger Hauer, el replicante rubiazo, todavía se debe partir de risa todas las mañanas pensando que su diarrea mental tras una probable resaca se ha convertido en el padre nuestro de una generación sci-fi que se lo traga todo. La frase acaba con aquello de las lágrimas en la lluvia, que bien podría ser la poesía de carpeta de un chaval de secundaria. Hay que explicarle a este ente que estamos tratando ciencia-ficción, como tal. Y que a día de hoy estas palabras pronunciadas por Roy siguen haciendo que se pongan los pelos de punta a más de uno, que seguramente tendrá más sensibilidad y cultura cinematográfica que el que ha escrito esto.
En lo que al último punto se refiere, ya rizamos el rizo con esta insolente e ignorante frase: Cuando ya creíamos que el hype de la película había pasado, tenemos que soportar Blade Runner 2049 y todo el vertedero de información que va a traer consigo. Lo primero, déjense de anglicismos como hype y tengan más respeto a sus compañeros de profesión alegando que habrá un "vertedero de información". Posteriormente, se procede a hablar mal de gente como Villeneuve, Ford o Gosling... En fin, lamentable.

Finalizado el artículo, sólo nos queda la sensación de que este señor, o señora, o colegial (repito que esconde su identidad), ha soltado un vómito sin argumentar nada que justifique su odio encarnizado y excesivo.

Una cosa es, efectivamente, tener una opinión y compartirla, y otra muy diferente dejar claro que no se tiene ni puta idea y, lo peor, enorgullecerse de una ignorancia totalmente fustigable. La pena es que mientras mucha gente se muere de hambre, otros pseudoescritores tienen la suerte de compartir su mierda ganándose un sueldo por ello. En este sentido, le aconsejo al redactor de esta supina imbecilidad que se lea la novela de Philip K. Dick que dio pie a la película de Ridley Scott mientras de fondo escucha la banda sonora de Vangelis, dos maestros a los que no ha hecho mención alguna por puro desconocimiento. También le aconsejo que lea el fabuloso libro de Paul M. Sammon, Cómo se hizo Blade Runner: Futuro en negro, sobre la realización de la película, así podrá hablar con gente de nivel. Y, por último, que busque en el diccionario la palabra humildad. De nada.

Podéis repasar mi artículo anterior aquí:
 https://peibolstercinema.blogspot.com.es/2016/12/la-evolucion-del-hater.html

Y aquí leer el amago de escritura que ha publicado Tentaciones:

http://elpais.com/elpais/2017/02/08/tentaciones/1486558277_855896.html?id_externo_rsoc=FB_CM

jueves, 22 de diciembre de 2016

Rogue One: Una historia de Star Wars



Reseña:

Ya llegó. Después de que el año pasado fuésemos testigos del retorno de la saga galáctica con un Episodio VII que en un principio se me antojó algo insatisfactorio, ahora le ha tocado el turno a esta película dirigida por Gareth Edwards (Monsters, Godzilla), una suerte de precuela del Episodio IV, Una nueva esperanza, y el primero de los spin-offs que Disney prometió.

Quiero aclarar varias cosas desde el principio. La primera de ellas es que Rogue One: Una historia de Star Wars me ha parecido la leche, bastante mejor que los Episodios I, II y III. La segunda es que mi punto de vista no es el típico de un entusiasta. Me explico: ¿nos acordamos del Episodio I? Por muy entusiasta que fuese, que lo soy, al Episodio I le vi carencias en su momento y se las sigo viendo ahora. Si mi postura fuese la de un entusiasta acérrimo, cosa que por desgracia suele usarse como argumento para rebatir las teorías de los que amamos la saga con todo nuestro corazón, seguramente defendería el Episodio I más de lo que lo defiendo. Y la tercera, que es evidente que cada uno busca en la saga Star Wars algo determinado, lo que afecta a la valoración que cada uno da a cada entrega en cuestión. En mi caso, lo que me ofrece esta entrega complementaria de la saga original me ha resultado plenamente satisfactorio, lo que la erige como una de las mejores películas de la franquicia.

Antes de nada, ¿qué cuenta Rogue One? El Imperio Galáctico ha terminado de construir La Estrella de la Muerte, el arma más mortífera de todas. Sin embargo, un grupo de rebeldes se enfrasca en una misión suicida consistente en robar los planos de tan temible estación espacial antes de que entre en funcionamiento...

Básicamente, Rogue One ofrece un punto de vista distinto a la hora de contar una historia que ya nos sabemos y que, más o menos, podemos intuir cómo va a terminar. Lo bueno es que no se aleja del espíritu central de la saga, concretamente de la trilogía original, por lo que los lugares comunes pueden ayudar a que uno se sienta más cómodo con esta brillante e inteligente propuesta. Los guiños son constantes, acertados y están muy bien integrados en la película. Sin embargo, a priori podemos pensar que la película no era necesaria pero, ¿y qué más da si lo que cuenta lo cuenta tan sumamente bien? Planteemos la cinta como lo que es realmente, una expansión argumental de la historia central que permite dar mayor profundidad a la misma. ¿Artefacto para sacar dinero? Pues sí... y no, pero como no acostumbro a gastármelas de tremendista en materia de cine (otra cosa ya es mi vida personal), prefiero tomármela como un punto de vista distinto que enriquece el universo expandido.

Son bastantes los aciertos que podemos ver en Rogue One, destacando entre ellos el cambio de estilo con respecto a los Episodios principales de la serie. Empieza la película, aparece el famoso rótulo azul con los cuatro erróneos puntos suspensivos y, a partir de ahí, se produce una ruptura total con lo que habíamos visto. Otro punto a favor es que se ha optado por mostrar mediante rótulos la ubicación de las principales acciones del film, lo que ayuda a que nos situemos mucho más fácilmente sin la necesidad de que ningún personaje tenga que indicarnos constantemente donde nos encontramos. Grandioso es cómo está plasmado todo el trasfondo de represión fascista en el que se desarrolla la película, aquí toda una historia bélica de raigambre clásica.  El Imperio es lo que es, y creo que en este título han sabido plasmarlo casi igual de bien que en el Episodio V, e incluso con un tono aún más oscuro salpimentado con montones de storm troopers, avanzadas, cazas y destructores imperiales que siembran el terror por toda la Galaxia. A destacar queda también la desorganización evidente de la Alianza en sus planes para desbaratar el Imperio, sin tener muy definida aún su línea de actuación.

Según se comenta en numerosos medios, ni personajes principales ni secundarios tienen carisma suficiente. ¿Los actores, tanto principales como secundarios, no tienen carisma? ¿En serio? Para mí la respuesta es clara: eso no es cierto, puesto que encontraremos más de un personaje interesante y, si acaso, deberíamos mencionar a Forest Whitaker, simplemente prescindible. Por lo demás, Felicity Jones, Diego Luna, Donnie Yen y Mads Mikkelsen están impresionantes. Me he dejado a Ben Mendelsohn a propósito, porque quería mencionar más detenidamente su papel como villano. ¡Ríete de Adam Driver, porque esto sí que es un malvado a la altura! Se trata de un auténtico general nazi que impone respeto y miedo con su mera presencia, mucho menos infantil y, por decirlo de alguna manera, menos "harrypotteriano".  Efectivo cien por cien, sin duda alguna, y mucho más acorde al tono serio que desprende la cinta, lo que no quita que, a lo largo de todo el metraje, encontremos también gags bastante ingeniosos.

Lo más llamativo y logrado de todo, con permiso de la aparición estelar de Darth Vader, son los brillantes efectos especiales y el más que sólido guión de Chris Weitz y Tony Gilroy elaborado a partir de una historia original de John Knoll y Gary Whitta. Y matizo lo de "guión original" porque el Episodio VII no era precisamente original sino, como se ha comentado en infinidad de ocasiones, un remake encubierto de Una nueva esperanza.

Hay algún punto negativo que repercute en la valoración global de este estupendo título. Por una parte, el tramo central puede hacerse algo cuesta arriba durante, digamos, unos veinte minutos. Y por otra, algún que otro añadido digital, aunque convincente en líneas generales.

En definitiva, Rogue One es la entrega más violenta y oscura de toda la saga, incluso más que los Episodios III y V. Por supuesto, en ningún instante me he sentido estafado, al contrario, ya que esperaba ver lo que me han mostrado en pantalla. Aquí tenemos una muestra de que con ganas se puede recuperar el espíritu tradicional de la saga, algo que seguramente hará las delicias de los más puristas. ¿Que cuenta lo de siempre? ¿Y? Al menos, la película se muestra capaz de innovar a la hora de contar una historia que nos podíamos imaginar y que veíamos venir, pero es que se trata de una misión suicida...


Mi nota: 7,5

La evolución del hater

La evolución del hater

Estoy indignado de verdad. Y cada día, cada hora, cada minuto, un poco más. Parece ser que la tónica habitual que impera en los grupos y foros dedicados a hablar de Séptimo Arte es poner a parir absolutamente todo y además aludir de forma inmisericorde a aquellos que a día de hoy siguen disfrutando con alguna que otra propuesta de las que a día de hoy encontramos en nuestra cartelera. En el momento en el que escribo estas líneas me encuentro viendo Mensajero de la muerte, con el gran Charles Bronson, por lo que quiero dejar bien clara mi postura acerca de que prefiero principalmente el cine de la década de los 80 que el de hoy día, pero no por ello soy un carca ni un amargado como muchos usuarios que, por desgracia, campan a sus anchas con total y absoluta libertad, renegando de todo aquello que consideran que no se ajusta a sus cánones preestablecidos.

Aquí voy a introducir un término muy de moda, el de "hater", literalmente, un "odiador". Un hater u odiador es aquel que, por mera pose, ha de odiarlo absolutamente todo, ya sea en literatura, música o, sí, cine. El cine... ese gran maltratado arte, y no sólo por los productores, sino por muchos espectadores. De siempre ha habido un modelo concreto de espectador, ese que alardea de que "le encanta el cine" pero al que no le gusta nada. Va a ver una película de acción y salta con mil y una teorías de que lo que sale en la película no es posible. Va a ver una de terror y salta con que es predecible y poco original. Va a ver una de ciencia-ficción y te hace creer que tiene un doctorado. Va a ver una comedia y dice que es aburrida. Y así, sucesivamente. Por tanto, la pregunta es, ¿por qué va al cine entonces? Yo me baso en el bautizado por mí "argumento del imbécil". Si gasta dinero de forma constante en algo que no le gusta es, literalmente, un imbécil. Y créanme, hay mucho imbécil suelto. Demasiado... Este modelo de imbécil es molesto aunque soportable, ya que aunque no le guste lo que ve no es excesivamente pesado intentando imponer su criterio. El problema viene cuando ese imbécil se convierte en tocapelotas. Aquí ya cambia la cosa, puesto que el imbécil tocapelotas siempre creerá que él tiene la razón en todo y, por ende, te intentará convencer de que él (o ella) es el que posee la verdad absoluta alegando que tú no tienes ni puta idea. "Reconoce que tus gustos son una mierda", "Qué mal gusto tienes, no me jodas" o "Reconoce que no tienes ni puta idea de cine" podrían ser tres frases recurrentes que se amoldarían a la manera de entender la vida de este formato de especímenes. No son paranoias mías, esas frases han sido pronunciadas alguna vez. De hecho, conozco (o he conocido) diversos especímenes que podrían situarse en esta categoría. Tampoco es cuestión de dar nombres ya que, si bien creo que con este artículo va a arder más de uno, no quiero otorgarle a nadie el placer de señalarme con un dedo acusador.

Dicho esto, me remito al perfil Boyero. Ya sabemos todos quién es Carlos Boyero, no hacen falta presentaciones. Ahora bien, ¿reporta algún tipo de placer cinéfilo, o cinéfago, su postura constante de "no me gusta nada y todo me parece una mierda"? Aunque, por lo menos, no intente adoctrinar a nadie, debe de ser agotador ser como él, en serio. No obstante, no considero justo para él enmarcarle en el grupo de los imbéciles tocapelotas porque, al margen de que pueda o no ser un amargado (no lo sé porque no he tratado nunca con él), se dedica a eso y se limita a dar su opinión. Más agotador debe ser pasarse el día encabronado haciendo una labor que no reporta ningún beneficio económico como es el caso de los cientos y cientos de bloggers que se dedican a masacrar sin pudor el trabajo ajeno. Vamos a ver, criaturillas, ¿tanto placer anal os da el hecho de poner a parir cualquier película, sólo por el hecho de ganar lectores sembrando la polémica? Que no ganáis un duro, coño, dejad de joder la marrana. Detrás de la elaboración de una película hay gente que quiere comer, por eso hacen su trabajo. ¿Cómo nos sienta a nosotros cuando nos dicen que nuestro trabajo es una mierda? Mal, ¿verdad? Pues apliquémonos el cuento, y no critiquemos encima si no hemos pagado por lo que consumimos. En base a esto, no me queda más remedio que incluiros en una subcategoría del imbécil tocapelotas, el de "quiero y no puedo". Es decir, aquí todos sabemos de cine, todos somos los más listos, pero o bien no hemos estudiado cine como tal o directamente no hemos estudiado nada. Pero sí, queda genial atacar no sólo el estreno de la semana, que en muchos casos se consigue de manera ilegal a través de una descarga de la Red (blogs sospechosos los he leído ya a montones), sino también a aquellos espectadores que sí que disfrutan de verdad con el cine, y me refiero al cine en todas sus vertientes. Porque, desde luego, el espectador aficionado que siente pasión por el cine, os aseguro que no va a degüello como hacen muchos, no va a buscar cualquier pequeño fallo que pueda tener la obra en cuestión sólo para destrozarla. No va a buscar micrófonos que se cuelan en el encuadre, no va con la novela en la mano cuando se trata de una adaptación al cine, no va a buscar verosimilitud si la película trata de cocodrilos asesinos, no va a buscar realismo en una cinta de acción rollo Van Damme, no. Rotundamente no. Si estamos hablando de alguien que sí hace eso, señoras y señores, estamos hablando de un grado de imbecilidad superior.

Por supuesto, muchos imbéciles muestran además un perfil obsesivo, persiguiendo sin pudor alguno a aquellos aficionados que defienden sus ideas a capa y espada para intentar derribarles en constantes combates verbales (y digo verbales porque en más de una ocasión las ganas de arrearle una buena hostia a tu oponente son bastante grandes). En este caso, pongo de ejemplo una curiosa anécdota que me ocurrió en mis tiempos de Universidad. Corría el año 2003 y los enfados constantes sobre la saga Matrix y la "poca idea" que yo supuestamente tenía ya empezaban a hacer mella en mí. Cuando se estrenó la tercera entrega, Matrix Revolutions, una tal Inmaculada (creo recordar que se llamaba así) se tiró como media hora buscándome por los pasillos de la Facultad de Biología para venir a decirme una frase repetitiva y asfixiante: "qué mala es, pero qué mala, pero qué mala es". Repitió la frase, profunda como podéis apreciar, hasta siete veces. Y no, no exagero. Ante semejante ataque verbal yo le repliqué, "a mí me ha gustado, me lo pasé muy bien, no me parece mala en absoluto". Sin embargo ella contestó: "es mala". ¿Notáis la diferencia? ¿Merece la pena dialogar con esta clase de borregos impositivos? Pues claro que no merece la pena, pero es que se juegan a pulso que quieras soltarles una buena bofetada. Por supuesto, la persecución duró meses y yo ya no sabía ni qué contestar, tan sólo pasaba de ella y a otra cosa. Aparte de ese perfil obsesivo, muchos haters van de cultos, siendo aquellos que reniegan de cualquier tipo de cine que no sea el centrado en la denuncia social, como por ejemplo, el fantástico en su sentido más amplio (ya que hay mucho cine de denuncia dentro del género fantástico) o ese que cree que siempre es mejor leer un "buen libro" antes que ver una película, aunque el libro que tenga entre sus manos sea un best-seller de baratillo para cerebros enajenados. Por supuesto, hay espectadores de todo tipo, desde los que sólo degustan las películas románticas de factura alemana que La 1 nos ofrece todos los fines de semana o los telefilms clónicos de Antena 3, hasta los que devoran serie B, serie Z, trash, cine comercial o cine independiente. Hay de todo, pero esto no los hace mejores que otros, algo que a muchos aficionados de pacotilla se les olvida, especialmente a aquellos que consideran una pérdida de tiempo el mero hecho de ver Anaconda, Desaparecido en combate, Delta Force, Soldado Universal, Hellraiser o un largo etc. de títulos enmarcados en diferentes categorías pero que se encuentran alejados de las consabidas obras maestras que todo el mundo conoce. Sí, todos somos muy listos, a excepción de los haters, o imbéciles, que aquí dejo ver.

Aparte de los blogs especializados dirigidos por auténticos artesanos del odio, estos seres indeseables se pueden localizar también en diversos foros o grupos de las Redes Sociales (Facebook, por ejemplo) en los que vomitan sus intransigencias diarreicas como si no hubiese un mañana. Pero es que la desgracia no acaba ahí, qué va, la pena es que muchos de estos imbéciles no saben ni siquiera escribir, arreando coces constantes al diccionario. No quiero meterme en terrenos excesivamente pantanosos porque todos podemos pecar en algún momento y cometer alguna falta ortográfica pero, por favor, basta ya. Lo realmente indignante es la utilización de coletillas como "pese a quien le pese". Con semejante conjunto de palabras queremos dejar claro que nosotros somos los que tenemos la verdad más absoluta de nuestra parte. Eso me remite al sonado estreno de la última película de Zack Snyder, Batman v Superman: El amanecer de la justicia, cuando un usuario de Facebook aludía a los "defensores de DC" y su "vista nublada", algo que les impedía ver que "BvS no era una buena peli". Bien, pues para un servidor ese título roza prácticamente la maestría más absoluta, y nadie me convencerá de lo contrario. Es más, tampoco se me verá a mí intentando convencer a alguien que no le ha gustado de que está errado. Esa es la diferencia entre un imbécil de pro y yo.

Mi reflexión final es que ya bastantes problemas tenemos ya en el mundo y en la vida como para discutir por algo que se supone que es para alegrarse y pasar un muy buen rato, o incluso para llenarnos el alma, como es mi caso. Pero en vez de eso, hay quienes prefieren vivir encabronados constantemente actuando como auténticos fascistas que pretenden imponer su criterio  y que, si alguien se les contrapone, automáticamente le tachan de inepto. Pues bien, estoy hasta los cojones, así lo digo. Estoy harto de que en medios como Aullidos, Abandomoviez, Filmaffinity y en cualquier recoveco ya mencionado de las Redes Sociales o en cualquier infecto blog, siempre haya alguien que tiene que terminar por descalificar a los demás cuando sus formas de pensar son contrarias. Por este motivo vivíamos mejor antes, en la era de la desinformación, donde la única forma de opinar era a través de las cartas de los lectores a revistas especializadas en el tema. Y ya, no había interacción, no había más historia. Pero no, ahora siempre hay que opinar y sinceramente, estoy muy pero que muy harto de los cinéfilos de pacotilla, entre los que incluyo a los cinéfilos tecnológicos, un concepto que comparto con mi amigo, compañero cinéfago, cinéfilo y reseñista Gerardo Medina Pérez (del blog Cinéfagos Anónimos). Siento ser tan claro, pero es verdad. No puedo soportar la constante falta de decoro hacia mi persona, o la de cualquier semejante, cuando se insiste de forma reiterada en que me/le gusta la basura. Sí, me gusta el cine basura, la serie Z, la serie B y la serie A. Es decir, me gusta el cine en su conjunto y si a ti, querido lector, te gustan los telefilms de Antena 3, voy a dejarte vivir sin problemas. Yo no soy como el colectivo enfermizo que detesta las secuelas de Matrix. No, yo no soy de esos, yo soy normal y educado, no un mísero cretino que piensa que su verdad es la única. En este sentido, si yo administrarse un grupo, cosa que de hecho, hago, no toleraría ningún comentario de esa índole. Censura preventiva contra la estupidez, señores.


Ah, sí, una recomendación de buen samaritano: Si vais a vivir encabronados, ¿no os compensa dejar el cine? Pensadlo, es importante.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Confundiendo términos: ¿Pornografía o erotismo?

El artículo que vengo a comentar esta mañana es uno escrito por Luigi Landeira y publicado en El País el 18 de noviembre de 2016. Textualmente, el artículo comienza así: Cuando el crítico de arte Roland Penrose le preguntó a Picasso qué opinaba de la distinción entre erotismo y pornografía, éste le contestó: “Ah, ¿es que hay alguna diferencia?”. Y es que las fronteras entre ambos géneros son tan difusas que muchas veces llevan al espectador a confundirse.

Con esta vaga premisa, el autor se permite el lujo de soltarnos a continuación un discurso moralista pésimamente disimulado en el que comete el terrible pecado de confundir churras con merinas, englobando un buen puñado de títulos de alta carga erótica en el género pornográfico sin orden ni concierto alguno. Señor mío, si usted se va al Diccionario de la lengua española, verá que el término pornografía se refiere a:

1. f. Presentación abierta y cruda del sexo que busca producir excitación.
2. f. Espectáculo, texto o producto audiovisual que utiliza la pornografía. Prohibieron la venta de pornografía en los quioscos.

Que yo sepa, por mucha carga sexual que tengan cualquiera de las películas presentadas en este listado, ninguna puede compararse, a excepción quizás de Calígula y Nymphomaniac,  a títulos como Millionaire, Orgy at the Villa, Cleopatra, DownWard Spiral, Barcelona Sex Secrets, The Whore of Wall Street, y un largo etc. que sí pueden entrar en la categoría de pornográficos. Por ende, y esto es una recomendación personal que usted puede seguir o no, tenga claro el concepto de algo que quiera presentar en un artículo, aunque con él tan sólo busque la polémica gratuita. Eso sí, veo que aquí también se confunden términos, ya que no pocos de los títulos mostrados provocan sonrojo más que excitación.

He de aclarar que para mí esto no es un artículo de opinión, ni siquiera entra en la categoría de "opinión personal válida" porque no se apoya en hechos fehacientes y demostrables. No me sirve como tal. Creo que a la hora de tocar un tema tan sensible como el de la pornografía, hay que ser más riguroso y no ir de mojigato, cosa que me parece curiosa en un diario supuestamente de izquierdas, aunque visto lo visto tampoco me sorprende tanto a estas alturas. Es más, poco puedo esperar ya de un diario que lleva más de treinta años atacando salvajemente el cine de género y cometiendo contra él toda una campaña de desprestigio. No hay más que darse un paseo por su hemeroteca para encontrar críticas (es un decir) de su cambiante plantilla cargadas de odio, mojigatería y propaganda de adoctrinamiento. Si quieren sacamos a relucir el retrógrado artículo que publicaron en 1985 en referencia a la segunda entrega de Rambo ("Rambo', una forma peligrosa de hacer dinero), a ver si eso puede ser considerado como buen periodismo...

Aunque, claro, ante el panorama que tenemos en el cual se aprovechan los medios de gran difusión para moldear el cerebro de las grandes masas, no me extraña nada que escritos de este calibre vean la luz, como tampoco me sorprende que se confundan términos hasta el punto de condicionar qué títulos van destinados a salas comerciales. En este sentido, Saw VI tuvo mil y un problemas para ser estrenada, cosa que logró un año después, tras haber recibido una absurda calificación X. Sin embargo, Anticristo, de Lars Von Trier, y además comentada en el artículo que ha dado pie a todo este discurso que he soltado, pudo verse sin problemas a pesar de contener escenas gráficas como una penetración o mutilaciones genitales en primer plano. Absurdo.

Ahora bien, en resumidas cuentas mi consejo es que este señor se siente en su sofá a ver una película pornográfica de verdad, cualquiera de las que yo he citado anteriormente le podría servir. Porque el porno, a pesar de ser algo sano y divertido si se consume con moderación, es aquel en el que se ven de forma explícita todo tipo de prácticas sexuales (repasemos la definición del principio del artículo). Puede que sea más o menos extremo, y puede gustar o no, al igual que ocurre por ejemplo con el cine de terror. Pero, ¿meter en el saco del porno todos estos títulos? Directamente, se nos está llamando idiotas en nuestra cara, tal cual. Por tanto, me enfada bastante el hecho de que este tipo de artículos difamatorios y llenos de corrección política vean la luz. Vea porno, señor, y disfrute sin prejuicios, aunque visto lo visto, con la pretendida lección de cine que ha querido darnos, queda claro que le falta más de un hervor.

Podéis leer el artículo original pinchando en el siguiente enlace:

http://elpais.com/elpais/2016/10/10/icon/1476107274_377659.html?id_externo_rsoc=TW_CM

martes, 31 de mayo de 2016

Nocturna 2016: You're gonna die tonight (C)



Título: You're gonna die tonight

Director: Sergio Morcillo

Intérpretes: Mónica Aragón, Antonio Zancada, Rafa Casette.


Reseña:

El joven director Sergio Morcillo vuelve a la carga con su último trabajo. El salto cualitativo que ha dado este cortometraje con respecto a los anteriores, diferencia que se nota incluso con M is for Metamorphose, es inmenso. El acabado ya es del todo profesional, y eso queda reflejado en una fotografía impecable que denota que se ha rodado con una tecnología francamente potente, en una banda sonora que cumple con creces y se ajusta a la perfección a las grotescas imágenes que impregnan nuestra retina, y en unos FX impresionantes. Queda más que claro pues que el trabajo de su director denota pasión y esmero por lo que hace, queriendo destacar por encima de todo la existencia de algunos planos que quitan el hipo. 

No obstante, las principales bazas de You're gonna die tonight son técnicas, tanto en cuestiones de dirección como de efectos y fotografía y artísticas, en lo que a actuaciones se refiere. Tras Última transmisión, el director vuelve a contar con Mónica Aragón, una final-girl de armas tomar.

Con todo, creo que su punto más conflictivo es el guión, y no hablo en términos de originalidad, ya que acertar de pleno en el terreno del home invasion es de lo más difícil dadas las limitaciones del subgénero, sino que me refiero a la ejecución de la resolución final. En este sentido, el corto empieza muy bien pero, desde un punto de vista totalmente subjetivo, no llega a convencerme del todo al no explicar prácticamente nada. Se pretende que el espectador ponga mucho de su parte para saber qué ocurre, y eso no puede ser. En este sentido, volvemos a caer en el principal error de estas producciones, el no terminar la historia con un final cerrado dando pie a muchas interpretaciones que puede que ni existan.


Resultan de agradecer, eso sí, los constantes guiños al género a base de clichés, unos más sorprendentes que otros. Conviene no dar más detalles acerca de este entretenido corto, rodado con mimo pero que, como he apuntado, carece de un final que me haya llegado al nervio. Eso no quiere decir que no lo recomiende, sino todo lo contrario, todo aficionado tanto al terror como al slasher y el home invasion no debería perdérselo.


youregonnadie