
Lo prometido es deuda y, pese a que en muchas ocasiones no cumplo con mis objetivos a la hora de publicar críticas a tiempo, intento que vosotros, lectores, tengáis a vuestra disposición las críticas que os ofrezco. Hoy le toca el turno a Cisne Negro, película complicada donde las haya, no por la calidad o profundidad de la misma, sino porque lo que se ha escrito sobre ella es de un aire tan intelectual y está tan trabajado, que ponerme a la altura es difícil. Por eso, he optado por recurrir otra vez a mi despreocupado tono habitual y limitarme a dar mi opinión sobre la película sin entrar en demasiado lujo de detalles. Ya hay mucho hablado de esta película, por lo que creo que con esto es más que suficiente.
Crítica:
¿Qué tiene Cisne Negro que gusta tanto a la mayor parte de la crítica? Sinceramente, es otra pregunta sin respuesta, como tantas otras, y seguramente me muera sin saberlo. A este humilde crítico esta película de Darren Aronofsky no le ha convencido nada en absoluto.
Que la película arranque bien no lo niego, pero a medida que uno se intenta sumergir en ese infierno absurdo e irracional que intenta crear el director, la película va haciendo aguas por todos lados. Sólo encuentro una diferencia entre esta película y cualquier entrega videográfica de la saga Hellraiser, y es que aquí tenemos bellísimas secuencias de baile perfectamente coreografiadas. El resto no es más que incoherencia, confusión y trucos baratos de guión, todo ello puesto al servicio de una historia predecible al máximo, irritante por momentos y supuestamente provocativa. No digo que Cisne Negro tenga algo que ver con Hellraiser, sólo quiero decir que no deja de ser la típica fumada incomprensible en la que lo surrealista se torna en incoherente.
Cisne Negro se centra en las ansias irracionales de superación de una excelente bailarina llama Nina (Natalie Portman), en la dominación excesiva de su madre (Barbara Hershey), en la rivalidad que tiene con otra bailarina llamada Lily (Mila Kunis) y en las exigencias de un salido director interpretado por el francés Vincent Cassel. Pero, pese a lo atractivo de su argumento, todo huele y sabe a prefabricado, y no hay nada, absolutamente nada, que satisfaga las necesidades del espectador de ver algo nuevo y diferente. Es más, el punto de enajenación mental al que llega el director es tal que manda por completo la trama a la mierda para acribillar al sufridísimo espectador con un climax final fallero y artificioso hasta dar verdadera rabia. Lo más trágico de todo es que la interpretación de Natalie Portman no tiene más que destacar que las buenas secuencias de baile, ya que el resto es exactamente la misma interpretación sufrida de siempre.
Algo de lo que peca Cisne Negro es de que se hace tremendamente árida de cabo a rabo. Cierto es que en alguna una ocasión llega a producir malestar, pero esos momentos de brillantez se nos ofrecen con cuentagotas. Así que seguir intentando buscar algún tipo de valor a una obra tan pretenciosa, pomposa y aburrida es tontería. Si acaso, vuelvo a remarcar que haya sido tan sobrevalorada, cuando en realidad no tiene nada, absolutamente nada, que merezca la pena señalar.
Cisne negro es una película zarrapastrosa considerada como una obra maestra, cuando en realidad está a años luz incluso de ser una buena película.
Un 4,5.
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