miércoles, 27 de abril de 2016

Locke



Título original: Locke

Director: Steven Knight

Intérpretes: Tom Hardy, Olivia Colman, Ruth Wilson, Andrew Scott, Ben Daniels, Tom Holland y Bill Milner

Reseña:
Tom Hardy interpreta a Ivan Locke, un hombre en apariencia tranquilo que trabaja como capataz de grandes obras, cuya vida ha transcurrido hasta el momento sin demasiados sobresaltos. En la víspera de uno de sus más importantes trabajos, sube a su coche sin imaginarse que su vida va a dar un giro inesperado cuando reciba una llamada que trastocará la tranquilidad de su existencia. Desde ese momento, los aspectos familiares, laborales y personales de Locke referidos a su pasado le harán tomar una serie de importantes decisiones.

He de aclarar que esta sinopsis es lo más parecido a lo que la película nos va a contar, ya que por la red circulan auténticos desastres que dan una idea equivocada de lo que hay aquí. Locke es una película peculiar, contada en tiempo real, absorbente, dinámica y, en suma, magistral. El único actor al que vemos en pantalla es Tom Hardy, el resto de intérpretes simplemente prestan su voz a una historia atípica y francamente original en la que se plantean diversas dudas acerca de la capacidad de redención del ser humano y acerca de la toma de decisiones que nosotros consideramos correctas. Humildemente, creo que Locke es una película que puede suponernos una ayuda enorme en aquellos momentos en los que nos mostramos dubitativos y no sabemos qué demonios hacer con nuestra vida al margen de la opinión de los que nos rodean. Y es que a veces las decisiones que nosotros consideramos correctas no van a ser aceptadas por todas aquellas personas que conforman nuestra pequeña burbuja, perjudicando a algunas y beneficiando a otras. Los fantasmas de nuestro pasado siempre estarán ahí, esperando a que nosotros decidamos enfrentarnos a ellos quebrantando la linealidad que nuestra vida pueda llevar. En este sentido, Locke también nos habla de la honestidad, esa que debemos mantener aunque suponga la pérdida de lo que nos importa. Ese es, sin duda, el mensaje más importante de la película.

Esta película dirigida por Steven Knight, responsable de una de las mejores películas de Jason Statham, Redención, es un vibrante ejercicio de estilo apoyado en la labor impecable de un actor tan sumamente potente como es Tom Hardy. Resulta increíble la cantidad de sensaciones que este intérprete es capaz de transmitir con su trabajo en la película. Es una obra hecha para él pero no para servir exclusivamente de vehículo de lucimiento. Los momentos en los que Locke, sin perder ni un atisbo de su temperamento, habla con su difunto padre mirando a través del retrovisor del coche como si éste se encontrase en el asiento de atrás te generan profunda desazón al darte cuenta de todo lo que llevaba dentro de sí el personaje. Es esta una de las razones por las que Locke tiene tanta fuerza, ya que su guión no encierra una excesiva complejidad pero sí riesgo en cuanto a la narrativa. Que una película que transcurre en un espacio tan limitado, y en la que sólo vemos el rostro de un actor, no resulte aburrida es sinónimo de que ha conseguido captar la atención del respetable al plantear una historia atrayente y cautivadora.

Lógicamente, esta película no se puede recomendar a la ligera, simplemente por lo que es. Al aficionado al cine podrá gustarle o no, pero desde luego al espectador casual, a ese que no entiende ni de directores, ni actores, y que quiere ver la clásica historia de bueno persigue a malo (sin que esto sea nada indecoroso, por supuesto) esta cinta no le interesará lo más mínimo.


Para mí, una cinta casi sobresaliente.

Nota: 9/10.

Superman IV: En Busca de la Paz

Título original: Superman IV: The Quest for Peace

Dirección: Sidney J. Furie

Intérpretes: Christopher Reeve, Gene Hackman, Margot Kidder y Jackie Cooper

 

Reseña:

Sé que con esta reseña voy a levantar ampollas, y de las gordas. Y también sé que me voy a contradecir más que el guión de Terminator: Génesis. Más de uno me replicará que cómo puedo poner a bajar de un burro una película que sigo disfrutando a día de hoy. A lo que responderé: "Es lo que hay". Y sinceramente, creo que todo atisbo de réplica me da igual. Dicho esto, comencemos el espectáculo.

¿Qué pasa si juntas una historia ambiciosa y sumamente atractiva con un presupuesto paupérrimo? Viendo Superman IV: En busca de la paz obtenemos una respuesta. Pese a los enormes atractivos que para mí tiene esta película, la cuarta aventura del Hombre de Acero es un despropósito de tomo y lomo en muchos aspectos, y para muchos espectadores... Pese a que un número bastante cuantioso de aficionados y críticos detestan Superman III, en algunos aspectos está muy por encima de esta cuarta, especialmente en cuestiones técnicas. Sin embargo, Superman IV tiene una ventaja, y es que suprime toda la comedia slapstick que había en la tercera, ofreciendo una trama algo más seria y que, siendo justos, resulta más molona.

Vamos pues, a ponernos en situación. Ya habían pasado cuatro años tras el desastre comercial que había supuesto la reivindicable Superman III, cuando los Salkind, la Warner y el propio Christopher Reeve le dieron carpetazo a la saga del Hijo de Krypton. A pesar de ello, la mítica productora Cannon Films adquirió parte de los derechos para así poder realizar una cuarta entrega. De modo que, si pensamos un poco, los problemas de Superman IV proceden no sólo del guión, sino también de la propia producción. Por eso, primero tenemos que comentar de qué trata esta cuarta aventura del superhéroe de los calzoncillos rojos. En esta ocasión, Superman ha decidido eliminar todas las armas nucleares de la Tierra estrellándolas contra el Sol. Pero el criminal Lex Luthor ha creado un doble del héroe que siembra el caos en todo el mundo con sus aterradores poderes. ¿Mola? Pues a mí sí, pero hay varios problemillas con la cinta...

Partiendo de una buena historia como es la del desarme nuclear se elaboró un libreto que, debido a los recortes y problemas de producción derivados de la delicada situación económica en la que se encontraba la Cannon, derivó en una película pobretona en la que no se profundiza en absolutamente nada de lo que se quiere contar, y en la que la idea inicial se convierte en una mera anécdota sin ninguna explotación. No es buen guión, de acuerdo, ya que resulta confuso, y torpe, pero al desastre que supuso la película contribuyó sobre todo la mala gestión económica. Una cosa es emplear 17 millones de dólares en películas como El guerrero americano o Desaparecido en combate, producciones baratas y rentables a tope que en realidad costaron mucho menos, y otra cosa emplear tan escasa cantidad en una entrega de la saga Superman. Lógicamente, eso se tuvo que notar en la película, y por ello los FX suponen un bajón tremendo en comparación con las tres entregas anteriores. Pero, claro, si no hay dinero, no podemos esperar unos correctos efectos especiales. El problema es que tanta pobreza de medios no resaltaría tantísimo si no hubiese una diferencia tan abismal entre esta cuarta película y las tres primeras. Y, como bien he dicho, eso es lo que ocurre al querer rodar con cuatro duros un libreto que daba para una enorme superproducción. No sólo se resintieron los efectos especiales, sino también la fotografía, la caracterización de los personajes y la propia duración de la cinta, recortada hasta los escasísimos 90 minutos.


La inclusión de una serie de las lamentables aportaciones pseudocientíficas en la trama, ya sean la creación y nacimiento del villano pensado para esta cuarta parte, el Hombre Nuclear, o cualquier lección de ciencia infusa que nos brinda el "bueno" de Luthor, resulta aún más chocante y propio de cualquier serie infantil de dibujos animados. Cómo Luthor le cuenta a su sobrino la manera de diseñar un clon maligno de Superman es algo tan ingenuo que acaba resultando entrañable. Con todo, este amago de He-Man que es el Hombre Nuclear a mí me hace bastante gracia, más que nada porque se trata de un personaje que conforma una némesis de Superman muy acorde con los tiempos que corrían cuando se estrenó la película, el típico de toda serie B que se preciara por aquel entonces. Pero es que aquí no termina todo, pues a lo largo de la película podemos encontrar errores tan sumamente garrafales como que una persona sea capaz de respirar en el espacio y atravesar sin problemas toda la atmósfera sin ningún riesgo de desintegración. Esos son los detalles que no me gustan de Superman IV, ya que te das cuenta de que perfectamente podrían haberse evitado. Con todo, y dejando bien claro que las dos primeras entregas de la franquicia son insuperables, refiriéndome a la segunda parte como la de Richard Donner, acepto estos errores porque no me queda otra.

Sin embargo, hay algo con lo que no puedo de verdad, y son aquellas secuencias en las que aparece el villano Lex Luthor, probablemente una de las peores interpretaciones de Gene Hackman. Quieren ser cómicas hasta el punto de resultar simplemente patéticas y surrealistas. Por eso decía anteriormente que se abandona la comedia slapstick... pero por desgracia se recurre a la comedia chusca sin ningún tipo de gracia. En este sentido, dentro de esta línea de comedia verbenera encontramos la acción concerniente a los intereses amorosos de Superman/Clark Kent, abarcando desde la plomiza de Lois Lane (interpretada nuevamente por Margot Kidder) hasta la petarda de Mariel Hemingway. A pesar de que tienes la risa tonta continuamente, el único que está a la altura en este triángulo interpretativo es Christopher Reeve en la que fue su última aparición como Superman, aún evidenciando ya cierto cansancio por el personaje.


Ahora bien, muchos se preguntarán por qué, siendo tan mala en algunos aspectos esta cuarta película de Superman, me sigue gustando. Lo voy a dejar muy claro:  Superman IV es una serie B (aunque para la Cannon fuese A) que sólo sirve para divertir y para ver por última vez a Christopher Reeve vistiendo el traje azul. La disfruto porque, guste o no, para mí tiene apuntes interesantes. No obstante y, pese a todo, los primeros minutos son lo mejor de la película, con el regreso de Clark a Smallville y esa nostalgia que evoca a la primera entrega (y seguramente la mejor de todas). A partir de ahí, ya reina el cachondeo y, pese a todo, Superman IV me parece una película molona, muy molona, por su estética casposa, sus situaciones ridículas, sus nuevos poderes para Superman (ese rayo enladrillador, la telekinesia, etc.), su acción absurda y prácticamente incesante en el último tercio. De hecho, el combate en plena ciudad, y que culmina en la Luna, entre Superman y Nuclear Man, me parece una flipada. El regreso de John Williams componiendo la música también me parece un punto a agradecer, pese a que la dirección musical corriese a cargo de Alexander Courage, a quien debemos algo que me parece propio de la más zarrapastrosa y disfrutable serie B, esa música sintetizada pensada para el combate entre el héroe y el villano.


En definitiva: Superman IV: En busca de la paz es una película entretenida pero muy pobretona y absurda, que invita de forma continua a la carcajada, que se encuentra a años luz de la primera y que es recomendable sólo para completistas y fanáticos de la serie B y del cine de la Cannon. El resto, abstenerse.




viernes, 22 de abril de 2016

La invitación

Título original: The invitation

Intérpretes: Logan Marshall-Green, Michiel Huisman, Tammy Blanchard, John Carroll Lynch, Mike Doyle, Emayatzy Corinealdi, Karl Yune, Toby Huss, Marieh Delfino, Michelle Krusiec, Lindsay Burdge, Aiden Lovekamp, Jordi Vilasuso, Jay Larson, Danielle Camastra


Reseña:

Sigo en mi búsqueda implacable de cine de calidad y aquí traigo otra muestra de que, efectivamente, aún hay esperanzas en el mundo del séptimo arte. Y esta vez la propuesta, titulada The invitation, viene de la mano de la directora Karyn Kusama, responsable de títulos como la resultona Aeon Flux y la mediocre Jennifer's Body. La verdad es que, vistos los resultados de este último trabajo, da la impresión de que no se trata de la misma directora. ¿Qué se nos cuenta en The invitation? La pérdida años atrás del hijo de Will y Eden hizo que su relación se truncara de manera irreversible, provocando  la repentina desaparición de ella. Después de un tiempo sin que nadie sepa de su paradero, Eden regresa de repente a la ciudad, y su vida parece haber pegado un giro de 180 grados. Ha vuelto a casarse, aunque algo parece haber cambiado en ella, convirtiéndola en una presencia inquietante y difícil de reconocer incluso para Will.

No sé al resto de espectadores, pero a mí el mero hecho de leer la sinopsis ya me coloca en una situación de desconfianza, no hacia la película, sino hacia los personajes. Todos estos detalles descritos en el párrafo anterior los podemos conocer de primeras siempre y cuando hayamos leído algo sobre la película. Sin embargo, estos datos se nos van introduciendo poco a poco en una historia que sabe jugar con el espectador dosificando la información a lo largo de todo el metraje. Nada queda al azar,  en parte gracias a un milimétrico guión y a la notable dirección de Kusama, que se maneja sorprendentemente bien tras la cámara.

Analizando la película detenidamente, veremos que en aproximadamente una hora no cuenta nada y a la vez cuenta muchísimo. No ocurre nada, ¿o tal vez sí? La paranoia que va invadiendo al protagonista principal es compartida por el espectador. O, al menos, yo la compartí durante la hora y media que duró la cinta, ya que estuve en vilo durante aquellos noventa minutos, fijándome detenidamente en todo lo que me rodeaba, prestando atención a cada detalle, por pequeño que fuera, y cuestionando las acciones de cada uno de los personajes. Es más, aunque no pasase nada realmente destacable, todo el entorno era interpretado como una amenaza. El hecho de que no ocurra nada ya lleva a pensar que en cualquier momento esa situación puede cambiar. Y teniendo en cuenta el modo en el que se nos cuenta la historia, cómo se nos ocultan datos y se incide en otros, es lógico pensar que la paranoia y la locura hagan estragos en la mente del protagonista principal. Evidentemente, que una película de estas características ejerza tales efectos de incomodidad en el respetable, no se logra sin un buen trabajo por parte del elenco interpretativo. De acuerdo que todos, en mayor o menor medida, bordan sus papeles, pero el trabajo de Logan Marshall-Green es, sencillamente, impresionante.

Hasta ahora, todo han sido alabanzas hacia la película, y lo van a seguir siendo, desde luego. Sin embargo, The invitation no es precisamente una película que se pueda recomendar a la ligera. Puede un amplio sector del público se sienta atraído por la propuesta que ofrece el film, pero es que en realidad no se trata de una cinta de terror al uso, y eso hay que dejarlo claro. Es más, tengo que reconocer que, como espectador, aficionado y crítico, muchos de los clásicos del cine de terror no me causan tal sensación. Así por ejemplo, me remito a El exorcista, película que siempre me ha fascinado pero que nunca me ha llegado a producir miedo como tal. Otra cosa es que no me impresione, que lo hace, pero no me produce terror. Sé que la comparativa puede llegar a ofender a más de uno pero en realidad los tiros no van por ahí. En ningún momento reniego de la joya de Friedkin, en absoluto, simplemente quiero justificar el origen de mis miedos. Puedo asustarme con películas como La leyenda de la casa del infierno, Los extraños, Alien... En este sentido, con el caso concreto de The invitation, ocurre que el verdadero terror procede del desconocimiento, la incertidumbre y el hecho de encontrarte en un territorio hostil camuflado de reunión de viejas amistades. Aquí vuelvo a recuperar un concepto que encuentro de vital importancia en una película que pretende crear desasosiego: la imprevisibilidad.

Por ende, y volviendo al tema que nos ocupaba al principio, toda esa curiosa sensación de malestar se va aumentando progresivamente a medida que nos acercamos al final. Y qué final, señores, qué final... Personalmente, me ha parecido directo, sencillo, efectivo y enormemente aterrador, ya que sugiere muchísimo más de lo que muestra. Sin duda, la guinda del pastel para una pieza de terror realmente sobresaliente y a reivindicar por completo. The invitation es una maravilla y, desde luego, me ha parecido una de las mejores propuestas terroríficas de la última década, gracias a los motivos expuestos anteriormente.


A vuestra salud.

martes, 19 de abril de 2016

El eterno problema de las redes sociales y la intransigencia del ser humano




En vista de lo ocurrido en las redes sociales estos últimos días, he llegado a una conclusión: el ser humano no tiene remedio y, salvo excepciones, que las hay, es incapaz de socializar sin terminar atacando a sus semejantes. Al final cualquier punto de reunión, ya sea un trabajo, un gimnasio, un bar, el transporte, todo, acaba trayendo desgracias consigo. Precisamente por eso, porque los seres humanos llevan en su impronta ese instinto para destruirse entre ellos.  Lo vemos todos los días gracias a nuestros políticos. ¿Se molestan en preocuparse un poco por el ciudadano o simplemente se limitan a tirarse piedras y dardos envenenados unos a otros? Pues con las redes sociales y los grupos dedicados al cine que en ellas podemos encontrar pasa exactamente lo mismo. 


El cine siempre ha sido un punto de conflicto entre personas. Y la pena es que yo, al igual que muchos otros aficionados a ese placer que es el séptimo arte, llevo años y años tragando basura. Ya en mis tiempos de universidad recuerdo como el mero hecho de discrepar de la mayoría era un motivo para que fueses atacado de manera inmisericorde por un puñado de individuos pseudointelectualoides que se creían los amos del Universo y los poseedores de la verdad absoluta. ¿Qué verdad absoluta va a tener un simple estudiante? Evidentemente, ninguna, porque está en pleno desarrollo de sus conocimientos, al igual que el resto de personas de este planeta. Porque la verdad absoluta no existe, señores. Y, volviendo al mundo académico, doy fe de que el "garrulismo universitario" se ha incrementado de sobre manera en los últimos diez años, aún siendo ya bastante alto en el tiempo en el que cursé mi licenciatura. Pero vamos, que ignorantes los hay por todas partes y en todas las épocas, dan igual los años que corran. Desmarcarse del resto siempre ha sido un problema, en todos los campos, y por desgracia en materia de aficiones, esa ley también se cumple. ¿Vas a tener que justificarte ante los demás por disfrutar de películas desprejuiciadas como Blade, toda la parafernalia derechista de Chuck Norris, el cine de Van Damme, las comedias descerebradas tipo American Pie o Porky's, el cine de terror sanguinolento o la ciencia-ficción en todas sus vertientes? Es lo que yo he hecho siempre de forma errónea. Supongo que a muchos otros les habrá ocurrido algo similar y, sinceramente, hay que poner fin a esta situación. ¿La solución? Pasar de los demás y de sus comentarios, ya sea en una conversación cara a cara o tras un teclado en las redes sociales. Y depende de qué redes, ya que hay algunas en las que es mucho más fácil el acceso de las autoridades y en las que uno ha de contenerse mucho más en lo que dice. Es la única solución, de verdad. En este sentido, guardo un recuerdo de hace décadas en el que cierta persona se me tiró al cuello por cometer la osadía de decir que me gustaba la película Aullidos, de Joe Dante. "¿Cómo te puede gustar Aullidos?, vaya título, Aullidos, yo veo Aullidos en el video-club y no voy a cogerla... Aullidos". Semejante retahíla de palabras en tono de mofa no evidencian más que una repugnante y despreciable ignorancia pueril y atrevida. Despreciar de semejante manera una de las obras cumbre del cine dedicado a la licantropía significa, simplemente, que la persona que vomitó semejantes palabras adolecía de un serio problema de ombliguismo e intransigencia, además de una notable falta de formación cinematográfica. Y es ahí donde quiero llegar precisamente, a la ignorancia pura y dura, uno de los mayores problemas de la Humanidad. Como todos sabemos, o deberíamos saber, la ignorancia es la falta de formación o conocimientos, así como el hecho de ignorar o desconocer algo. Así mismo, un ignorante es aquel que desconoce o ignora cierta cosa, o el que carece de instrucción o conocimientos. Ser ignorante no es malo. Yo mismo soy ignorante de muchas cosas, porque mi formación (no sé si por fortuna o por desgracia) ha ido encaminada al mundo de la ciencia y, en cuanto a conceptos básicos se refiere, creo que tengo unas nociones suficientes como para no ser considerado ignorante en ese ámbito. Tampoco soy ignorante en cuanto a cine, ya que el hecho de llevar desde antes de los doce años consumiendo séptimo arte me separa bastante de ello. Y, a todo esto, ¿qué es el cine? Podemos encontrar su definición en Wikipedia o en cualquier diccionario de consulta (y seguramente mucho más fiable). Cito, textualmente: El cine (abreviatura de cinematógrafo o cinematografía) es la técnica y arte de proyectar fotogramas de forma rápida y sucesiva para crear la impresión de movimiento, mostrando algún video (o de película, o film, o filme). La palabra «cine» designa también a las salas de cine o salas de proyecciones en las cuales se proyectan las películas. ¿A que no es complicado? Si nos ajustamos a esta definición, cine es El Padrino, American History X, Lo que el viento se llevó, Apocalypse Now, Ciudadano Kane, Psicosis, Los pájaros, Melancolía, Mullholland Drive, Los intocables, American Pie, Alone in the Dark, 2001, El planeta de los simios, La vida es bella, El árbol de la vida, Terror en Amityville, House of the dead, Maniac, Suspiria, El guerrero americano, Desaparecido en combate... y un larguísimo etc. de ejemplos que vienen a decir que en ningún momento en la definición de cine entra el término "calidad", término que se emplea igual de mal que cine. La calidad es el conjunto de propiedades inherentes a una cosa que permite caracterizarla y valorarla con respecto a las restantes de su especie, y que yo sepa, en ningún momento se lee algo similar en la definición de cine. Eso deberían aprender aquellos que señalan a los demás diciendo eso de "yo sé más de cine que tú", "tú no tienes ni puta idea de cine" y un larguísimo etc. de combinaciones nacidas de las intransigentes mentes de los habitantes de este planeta en vías de extinción. Todo esto ha sido el pan de cada día durante los últimos 25 años de mi vida, y ya gasto 33 en el momento de escribir estas líneas. Pues bien, me reafirmo en que el problema principal del ser humano y sus malditas redes sociales es, cómo no, la ignorancia, además de la mala educación y las ansias de putear al prójimo.

Y es en esos malditos grupos de las redes, y en concreto de ese pozo de mierda que es Facebook, donde se van a reunir la mayor parte de los seres destinados a hacer el mal en cuanto a materia cinematográfica se refiere. Y debido a esto muchas veces se han de aguantar improperios e insultos cuando uno comete el desliz de discrepar de otro. Aquí entra en juego un número bastante cuantioso de grupos en los que sus participantes no es que sepan poco de cine, es que directamente no tienen ni puñetera idea. Esto no sería problema si cada uno de esos miembros mostrasen algo de humildad pero por desgracia esto no es así. Además, la mayoría de estos grupos van destinados al cine de género, incluyendo terror, ciencia-ficción y similares y, pese a ser los géneros más atractivos para el fan, también son los que más atraen a garrulos e indeseables. Esto es un hecho contrastado y no hace falta que de pruebas aquí puesto que puede comprobarse de una forma tan fácil como es entrando en cualquiera de esos grupos. Esto me lleva a cuestionar las acciones de los moderadores en estos grupos. Antiguamente, la forma que los internautas tenían de interaccionar era a través de los foros, aquellos bonitos foros en los que cualquier salida de tono era cortada de raíz. Es aquí, en este punto, donde deberíamos reivindicar la figura de dicho moderador y sus competencias. La gente, por desgracia, ha de estar controlada en cualquier ámbito, y en el caso de las redes sociales, el moderador debe actuar reprimiendo cualquier atisbo de falta de respeto o muestra de ignorancia atrevida. Sí, es así. Al igual que en estos grupos cualquier participante que tuviese muestras reiteradas de no tener ni idea de lo que esté hablando sea expulsado de forma tajante. Para no volver.

Por otro lado, se encuentra otro problema serio: la negatividad. En este sentido, triunfan infinidad de blogs y webs en la que prima, por encima de todo, la necesidad imperiosa de ofender y transmitir esa asquerosa sensación de negatividad. Digo yo que, si el cine es tan malo, ¿para qué demonios se insiste en él? Tal vez, sólo tal vez, si se tuviese una mente más positiva en cuanto al séptimo arte y uno se preocupase de los problemas realmente importantes de la vida no tendríamos que soportar párrafos y párrafos de despotriques y muestras de frustración que no llevan más que a esa sensación arraigada de crispación.

Este artículo es pesimista al máximo, soy consciente de ello, pero no puedo inclinarme hacia otra postura al ver lo que veo en las redes todos los días. Gente que se insulta por tonterías, gente que intenta aprovecharse de los demás a golpe de estafa, individuos que difaman y alardean de la enorme cantidad de ficheros que alojan en sus discos duros, personajes de dudosa salud mental que insultan a todos aquellos que no compartan su opinión o amenaza por el mero hecho de discrepar no me lleva a albergar precisamente esperanzas en la Humanidad.

Y con Facebook la mayoría de experiencias son así, a no ser que te encuentres con el grupo adecuado y encuentres a gente que realmente merezca la pena.

viernes, 15 de abril de 2016

El regalo

Título original: The gift

Director: Joel Edgerton

Intérpretes: Jason Bateman, Rebecca Hall, Joel Edgerton, Beau Knapp, Allison Tolman, David Denman, P.J. Byrne, Tim Griffin, Beth Crudele.

Reseña:

De vez en cuando, el cine nos puede dar alegrías todavía, quizás más frecuentemente de lo que pensamos. En muchas ocasiones el hecho de dar con una buena película es cuestión de suerte, de acuerdo, pero en otros casos simplemente es cuestión de saber qué elegir. A la vista de los resultados de esta última operación, creo que he acertado de pleno.

El regalo, protagonizada por Jason Bateman, Rebecca Hall y Joel Edgerton, y debut en la dirección de este último, cuenta como las vidas de un joven matrimonio se verán totalmente perturbadas después de que un conocido del pasado del marido comience a dejarles misteriosos regalos y se revele un horrible secreto después de veinte años.

La premisa inicial viene a ser más o menos la misma de siempre. Joven matrimonio que llega a una casa nueva, se instala poco a poco y comienzan a sucederse las desgracias. Sin embargo, ese comienzo con planteamientos de convencional terror doméstico pronto comienza a transmutar en una espiral de acontecimientos que no deja de sorprender gracias a un excelente desarrollo del film, siendo la imprevisibilidad es su verdadera razón de ser. Es precisamente ese desvío hacia los terrenos del thriller lo que más me gusta de la película, a la par que me parece de lo más acertado.  Además, el guión, escrito también por el propio Edgerton, se enriquece con una buena dosis de drama psicológico.  Todo ello, en conjunto, contribuye a que estés pendiente cada minuto de lo que puede ocurrir, aunque en algún que otro momento puedas ir haciéndote una idea de por dónde van a ir los tiros. Los nervios que se acumulan a medida que avanza el metraje se deben por una parte a que el interés por el desenlace aumenta y porque necesitas saber con ansias qué ocurrió en el pasado para llegar a esa desesperante situación.  Todo está bien hilvanado y la información se dosifica con mesura a fin de mantener de forma constante la intriga, aderezada con momentos de auténtico terror derivados de la mera sugestión. Entrar en más detalles supone correr el riesgo de destriparle la película a todo potencial espectador que no la haya visto, por lo que hay que dejar que cada uno se acerque a la película y la disfrute de principio a fin.

A destacar quedan, por supuesto, las brillantes interpretaciones del trío protagonista. Y he de reconocer que me ha llamado la atención de ver a Jason Bateman en un papel totalmente alejado de la comedia, género que abunda en su filmografía. Tanto Edgerton con Hall están absolutamente brillantes.

Al terminar de ver esta película sólo me viene a la mente un mismo pensamiento de manera reiterada: Si piensas que cualquier cagada que hayas cometido en tu vida anterior va a quedar enterrada en el pasado, aquí se viene a demostrar que, por desgracia, no es así. Tan  preocupante conclusión viene acompañada de un planteamiento de doble moral que, sin duda, arroja una batería de preguntas acerca de hasta dónde estamos dispuestos a llegar cuando buscamos venganza, la justificación de la misma y si una persona puede llegar a arrepentirse de los malos actos cometidos durante su juventud y el precio a pagar por sus pecados. Estas ideas son las que, entre otras muchas, he podido extraer de esta eficaz, ágil e inteligente película. Y, si bien no va a suponer la renovación del género, desde luego es una muy buena muestra de que a día de hoy, como bien he mencionado al principio de la reseña, aún es posible disfrutar de cine de calidad.

viernes, 8 de abril de 2016

Objetivo: Londres (2016)

Título Original: London Has Fallen

Director: Babak Najafi

Intérpretes: Gerard Butler, Morgan Freeman, Jackie Earle Haley, Angela Bassett, Aaron Eckhart, Charlotte Riley.

Reseña:

Gerard Butler, Morgan Freeman y Aaron Eckhart vuelven a verse las caras en esta secuela de la divertida entrega de acción Objetivo: La Casa Blanca, dirigida por el siempre solvente y muy interesante Antoine Fuqua (Asesinos de reemplazo, Bait, Training Day). En esta ocasión toma las riendas de la dirección el iraní Babak Najafi (Sebbe) y entrega una segunda parte tan burra o más que la película original.

El libreto escrito por Katrin Benedikt, Christian Gudegast, Creighton Rothenberger y Chad St. John nos cuenta lo siguiente: 

Tras la repentina muerte del primer ministro británico en circunstancias más que extrañas, todos los líderes mundiales deben reunirse para su funeral. Sin embargo, un grupo terrorista ha urdido un plan casi perfecto para que el acto, que cuenta con el mayor despliegue de medidas y sistemas de seguridad del mundo entero, constituya una oportunidad de oro para eliminar salvajemente a todos los mandatarios de las diferentes naciones, sembrando así el caos en todo el mundo. El presidente de los Estados Unidos y sus leales colaboradores del Servicio Secreto serán los únicos capaces de evitar la tragedia.

¿Mola la sinopsis, eh? No hay que ser muy listo para darse cuenta de que, si la primera entrega era una suerte de plagio (u homenaje, según se quiera) de Jungla de cristal, esta secuela bebe claramente de la serie 24, sólo que con una historia mucho más sencilla debido al ajustadísimo metraje.  Como siempre, los Estados Unidos vuelven a estar a la cabeza de todo, y se encargan de salvar al resto de mortales. Pasando por alto la enfermiza vena patriotera que rezuma la película, hay que decir que, pese a la citada inspiración en las tramas conspiranoicas y terroristas en la línea 24, se trata de una cinta fuera de su época, al ofrecer al espectador un torrente de acción al más puro estilo de los años 80. No está de más que recordemos que aquella gloriosa década nos regaló un amplio catálogo de los más variopintos productos de acción panfletera (Desaparecido en combate, Invasión USA, Rambo...). Aquellos productos nos gustaban, al menos a los aficionados a la acción verbenera, aunque no a la "crítica oficial", y triunfaban tanto en la taquilla como en el videoclub.

Volviendo al tema que nos ocupa, London Has Fallen es una película lineal, directa y clara, a la que no se le puede pedir nada más que un buen entretenimiento que, desde luego, consigue ofrecer. El argumento no es más que otro pretexto para que nos deleitemos con situaciones imposibles, peleas cuerpo a cuerpo, tiroteos sangrientos y todo tipo de chascarrillos (frases cargadas de incorrección política incluidas) mientras el protagonista principal, Gerard Butler, reparte mamporros a los malvados terroristas.

Si hacemos una comparativa de la película con otras cintas de acción más o menos recientes, como la infravalorada La jungla: Un buen día para morir, podremos comprobar que, a pesar de lo rocambolesco de la propuesta al ver al presidente de los Estados Unidos batallando contra unos terroristas (a no ser que seas Harrison Ford o Aaron Eckhart, no me imagino a Obama en una situación parecida, ni mucho menos a Rajoy...), Objetivo: Londres es una película que sabe dosificar su ajustada sobriedad. Se trata de una cinta bastante contenida, en el sentido de que no resulta tan excesivamente exagerada como otras de su estilo y recupera esa jugosa esencia de las cintas de acción de hace tres décadas, además de que está muy bien estructurada. Por una parte, y sin desvelar nada de la trama, tenemos un prólogo más o menos alargado con el que se nos pone en situación, dejándonos entrever por dónde van a ir los tiros (nunca mejor dicho). A continuación, llegamos a la esperada secuencia del atentado múltiple, el cual, a pesar de estar salpicado por la mediocridad del CGI tan de moda en los tiempos que corren, está rodado de una forma fría y perturbadora. Esto es, sin duda, lo más escalofriante y angustioso de la película, y casi el punto más realista. Y por último, todo lo que se desencadena a partir de aquí es el deseado torrente de acción sin descanso, hasta llegar al esperable final. Una experiencia agotadora para los sentidos.

La dirección de Babak Najafi es, sin más, funcional. El hombre se maneja con soltura en las secuencias de acción, que son las que realmente importan en un producto de esta categoría. No resultan atronadoras y más o menos se nos permite ver lo que ocurre en el encuadre, un defecto del que adolece la mayor parte de producciones de acción de hoy día.

En cuanto a los intérpretes, tengo que hacer una reflexión. De acuerdo que estamos ante un film de acción que con menos presupuesto pasaría por el típico directo a vídeo de consumo palomitero para una tarde de sábado, pero la presencia de Gerard Butler, Morgan Freeman y Aaron Eckhart, entre otros (señalemos a la guapa Angela Basset, Radha Mitchell o a Jackie Earle Haley), es precisamente lo que marca la diferencia. Prefiero a actores con carisma interpretando una historia de tiroteos que a actores mediocres de segunda. Esto es así.

En suma, Objetivo: Londres es una película de acción descerebrada, reaccionaria, belicista, facciosa y violenta, Objetivo: Londres es, además, una cinta entretenida  y francamente divertida, y la verdad es que me ha gustado con todos sus defectos, que son más bien pocos teniendo en cuenta las limitaciones de la historia. Seguramente, esa apreciación se deba a que cuando voy a entrar a ver una película no me dan ínfulas de superioridad intelectual y asumo perfectamente el tipo de producto que me van a ofrecer. ¿Que el mensaje de la película es peligroso por sus planteamientos guerrilleros? Pues vale, pero no se trata más que de una película de acción que dura 99 minutos, que se pasa en un santiamén y que al menos es honesta en lo que vende. En este caso yo no he necesitado nada más.  Por ende, si se es aficionado a este tipo de producciones de acción, como mero ejercicio de desconexión de la realidad, creo que London Has Fallen les puede parecer una buena alternativa de ocio. El resto de mortales pueden decidir por su propia cuenta, aquí un servidor se limita a exponer su opinión humildemente.

Cómo no, la crítica oficial, la seria, esa que se gana el pan exponiendo sus ideas cuadriculadas sin dar ningún tipo de oportunidad al cine de género, ha vuelto a masacrar impunemente la película. Según mi parecer, el 6,5 está más que merecido.


miércoles, 6 de abril de 2016

Ay, pirata.


Hoy vamos con un tema candente, señores, alejando de la crítica cinematográfica pero, sin duda, de elevado interés al estar en estrecha relación con el mundo del cine. Se trata de un asunto un tanto peliagudo sobre el que se está hablando muchísimo en las redes sociales, especialmente en aquellos grupos relacionados con el cine y el coleccionismo de soportes físicos como el DVD o el Blu-Ray. Me refiero, como ya la mayoría de los interesados en mi post se habrán dado cuenta, al tema de las "supuestas" ediciones piratas que están, "supuestamente", poblando nuestro mercado videográfico nacional. Antes de proseguir, quiero dejar bien claras varias cosas. La primera, y creo que la más importante, es que yo no soy un dedo acusador y con este artículo se pretende, no informar sobre qué ediciones son o no "supuestamente" carentes de licencia de distribución, sino dar a conocer la postura de servidor en uno de los diferentes puntos clave que tiene este asunto (y remarco lo de "supuestamente" porque yo no soy la ley y además creo en la presunción de inocencia.  Segundo, cada uno es libre de opinar, como con todo lo demás. Tercero, tampoco voy a liarme demasiado y no me voy a mostrar ni indignado ni complacido, sino completamente neutral. Cuarto, todo lo que expongo aquí nace de los conocimientos adquiridos al llevar tiempo leyendo sobre el tema. Y quinto, en este enlace podéis leer un interesante artículo al respecto, en el que queda bien claro que el problema no es sólo de España: http://www.brentonfilm.com/articles/beware-of-pirates-how-to-avoid-bootleg-blu-rays-and-dvds

Me resulta curioso cómo muchos usuarios que hasta hace bien poco han consumido cine "supuestamente" sin derechos ahora han desarrollado su propia cruzada personal contra cierto grupo de editoras y se atreven a dar discursos de moralidad. Demagogia pura, señores. También entra en el mismo saco aquel colectivo que se atreve a afirmar tajantemente que nunca ha descargado nada de la red. Y de ese grupo conozco a cuatro. La rabieta general que hay en el ámbito videográfico viene de lejos, como mencionaré algo más adelante, pero se ha alcanzado un punto máximo con las declaraciones de Don Coscarelli, director de la saga Phantasma, en las que mostraba su malestar por las ediciones "supuestamente" sin licencia que había en nuestro país. Es decir, que ninguna de las tres películas hasta ahora editadas, Phantasma, Phantasma II y Phantasma III: El pasaje del terror, contarían con licencia para su distribución y venta. Esto lo dice él, el propio director, así que supongamos que sea verdad. Yo no lo sé. Evidentemente, si alguien vende algo que yo he hecho y no veo un duro pues me molesta. Así que en eso he de dar la razón a Coscarelli pero, ¿se ha preocupado él por satisfacer al mercado español? ¿Y algún otro? Durante mucho tiempo, lo único que hemos podido conseguir de su querida saga de Phantasma han sido los VHS cutres editados por Manga Films y BMG, que tenían una calidad de imagen deleznable, el DVD de la primera Phantasma editado por Manga para las colecciones Alucine y Calle 13, en formato recortado 4:3, y el lamentable DVD de la cuarta entrega editado por Filmax, sin ninguna clase de subtitulado. ¿Dónde está la bonita edición de esfera con algún tipo de subtitulado español o audio castellano? Aquí, desde luego, no.  Y han tenido años y años para poder editar algo en condiciones. Por otra parte, el hecho de que haya ediciones sin supuesta licencia en territorio español no me hace pensar que eso vaya a repercutir en que no vayamos a ver el estreno en nuestro país de la primera Phantasma restaurada en 4K, porque no íbamos a verla de ninguna de las maneras. Y el que tenga acceso a ella será aquel que pueda gastarse el dinero en una pantalla que emplee esa tecnología, la busque en el extranjero y sepa mucho inglés. O aquel que sea amigo de Coscarelli y se la regale. Y con esto pasa como con otro buen puñado de películas. Ahora resulta que todas ellas iban a tener edición... y yo me lo creo, ¿no? Es una pregunta, ¿me lo creo? Pues yo me respondo que no, no me lo creo.

El mercado español, como España en sí, lleva sumido en la miseria desde siempre, y ahora no es que vaya a peor, es que queremos hacer algo cuando ya estamos sumergidos en el problema. Con esto sólo pretendo decir que si nos vamos a quejar por algo, lo hagamos en condiciones y sin confundir términos. No pretendo justificar nada sino dar a conocer por qué creo yo que ha salido todo esto. El mercado español ya era una auténtica basura antes de que llegara la piratería. Y si no, que se lo digan por ejemplo a Warner, por ejemplo, que editó El exorcista en DVD en formato snapcase con unas primeras líneas de díálogo en español latino. Con la llegada del DVD se nos prometieron extras, escenas multiángulo, ediciones especiales... ¿Dónde está todo eso? ¿Acaso merecía la pena pagar los 24 euros de "PVP recomendado" por productos deficientes en contenidos y progresivamente de peor calidad audiovisual? ¿Cuánto tiempo hemos esperado para ver Howard, un nuevo héroe en España? Al sector audiovisual le importamos nada. Todo son abusos e improperios, y todo es por culpa de los dichosos intermediarios. No me puedo creer que yo haya podido comprar en el extranjero ediciones de películas que aquí no se han visto ni en pintura por precios irrisorios y con envío gratuito. Evidentemente, si todos quieren chupar del frasco, el coste ha de ser mucho más elevado. Y en parte la culpa de ello, sí, es de los que pasan por el aro y sueltan el dinero para comprar ediciones que, legales o no, son deficientes en todo, tanto en contenidos como en presentación. Pero claro, ahí entra en juego la doble moral: ¿pago 30 euros por una edición cochambrosa pero legal y sigo alimentando un mercado abusivo para gafapastas adinerados (sí, eso existe) u 8 por una edición que, supuestamente, no tiene licencia y que muy de vez en cuando me ofrece más que una posible edición legal? Esta rama del mercado habría surgido por la demanda por parte del aficionado de películas que consideran fundamentales para su videoteca y que, existiendo edición en DVD o BluRay en otros países, aquí no habían llegado todavía.

Con todo,  me niego a creer que las autoridades no sepan qué está ocurriendo. Por tanto, todo lo que sale de un comercio legal debería considerarse legal a ojos del consumidor. Otra línea distinta, y de la que prometí que hablaría, es el hecho de que hasta hace bien poco la mayor parte de los estrenos de clásicos en formato de alta definición se hacían en soporte BD-R, lo que supuso el detonante reaccionario contra estas ediciones. Ahora bien, yo voy a preguntar: ¿Alguien cree que mucho del material al que se acusa de "pirata" se iba a estrenar en España? Lo dudo. En los tiempos del VHS es posible que un 75% del material al que me refiero sí viese la luz (y también había piratería en aquellos tiempos) porque se editaba prácticamente todo pero ahora, a día de hoy, día en el que ni el BluRay consigue progresar con cuatro títulos nuevos al mes y montones de reediciones de los mismos e insoportables blockbusters de siempre, es improbable. Sigamos pues echando la culpa por entero a los consumidores y depuremos responsabilidades de los otros culpables de esta situación, que no son sino aquellos que han querido forrarse haciendo que los costes se eleven hasta la estratosfera.


Y sigamos con nuestra demagogia, escuchando campanas sin saber dónde. Que cada uno compre lo que quiera comprar, mientras pueda y se lo permita la ley, yo no tengo por costumbre señalar a nadie y si bien es cierto que no me parece justo que se editen películas sin derechos tampoco me parece justo que se descargue nada de la red, a pesar de que el cine que a mí me interesa no supondría grandes pérdidas a la industria. Yo tengo la conciencia muy tranquila y muchas otras cosas que hacer que levantarme por la mañana y carcomerme con el mismo asunto a todas horas, ¿y los demás?

miércoles, 30 de marzo de 2016

¿Por qué el mundo no necesita pelearse por Superman?


Se me acumula el trabajo, señoras y señores. Se me acumula tanto que no sé ni cómo demonios organizarme. ¿Qué hago con mi vida? ¿Qué hago con el tiempo que tengo libre? ¿Y con el que tengo que ocupar? La verdad es que no tengo ni idea, así que he decidido escribir, otra vez... a ver si esto me da algo de marcha. Dado que, por desgracia, lo que mueve este farragoso mundillo de la escritura es la mera pirotecnia y los comentarios incendiarios, voy a caer en el amarillismo más exacerbado pero, cómo no, fiel a mis principios y sin faltar al respeto.

En el momento en el que escribo estas líneas aún no he visto la última y  muy esperada cinta de Zack Snyder, Batman v Superman: El amanecer de la justicia, aunque en unas horas voy a poner remedio a eso, acompañado de dos de mis amigos de referencia vital. Sin embargo, creo que, a pesar de no haber visto la película que está dividiendo, de nuevo, a crítica y aficionados, puedo hacer una serie de declaraciones con las que ir a saco. ¿Qué os parece la reacción de la crítica a la película? Yo no he leído nada a fondo porque realmente quiero evitar que me destripen la cinta, simplemente he leído algún que otro titular, y con eso he tenido suficiente. Sé que la película me va a gustar porque me encantó El hombre de acero, al igual que todo lo que ha hecho Zack Snyder con anterioridad. Ya me dejó alucinado con ese pedazo de obra maestra que es Amanecer de los muertos, y lo repitió con sus posteriores obras, a falta de ver una de ellas todavía. Lo que me lleva a afirmar que la crítica odia a Zazk Snyder, como odia el cine de género. Es un hecho constante que todo aquel que dice "adorar el cine" odia el género fantástico. Es una realidad tangible y perfectamente demostrable. Cuando tú conoces a alguien y te dice la trillada frase "me encanta el cine", ten por seguro que no vas a poder acompañarle a ver una película de género. Esa clase de personas no entienden lo que el fantástico representa en ninguna de sus vertientes. Son tan limitadas que si dices que te gusta la ciencia-ficción pensarán en marcianitos, si dices que te gusta el cine de terror te dirán que "no les gusta la sangre", etc., etc. Y seguramente si propones una película, aunque no tengan ni puta idea de qué trata, te dirán que es un rollo. Es así. Es real. Pues con la crítica oficial, la que gana dinero, la que vive de masacrar el trabajo ajeno, la que define (o quiere definir) el comportamiento del espectador, pasa lo mismo. Porque la crítica no es sino otro mecanismo de control de la sociedad. Quieren determinar lo que somos, lo que padecemos, lo que sentimos, lo que opinamos. Y ellos son incapaces de ver más allá de los cuatro títulos de referencia para todo cinéfilo de pro. Una cosa es opinar, y otra muy diferente es hacer lo que hace este colectivo. Aquí no sólo meto, evidentemente, a la crítica seria (repito, la que se llena los bolsillos gracias a su labor), ya sea de un lado del charco o del otro, sino a alguna que otra página que se basa en el puro desprestigio y en el mal periodismo cinematográfico, sentando cátedra y ofreciendo un simple manual de comportamiento. Cómo no, me refiero a sitios web como www.blogdecine.com, entre tantos otros. Ofrezco la posibilidad de entrar a visitar este curioso sitio en el que sus principales responsables llevan a cabo una maniobra de ataque sanguinario contra todo lo que consideren inaceptable rozando a veces (y cada vez más frecuentemente) lo enfermizo. Ojo, cada uno puede opinar lo que quiera, pero con criterio, por favor, y dejando un hueco a las opiniones contrarias.

A título ilustrativo, frases como estas son las que podemos encontrar en centenares de sitios porque lo que prima en este mundo en el que nos ha tocado vivir es lo negativo, lo malo, el ataque implacable: Supergirl es una catástrofe de película que ni siquiera sabe aprovechar los escasos elementos que podrían ayudar a elevar un poco el resultado final. Con todo, si eres un hijo de los ochenta y te marcó de pequeño quizá la recuerdes con cierto cariño, pero soy de la idea de que es más por los recuerdos que te trae que por sus auténticas virtudes, así que os recomiendo que siga así en vuestra memoria de ser el caso. Yo aún no la había visto y su nivel es el que es... Este texto viene de la mano de Mikel, uno de los habituales en el anteriormente citado blog. Y digo yo, ¿qué pasa si volvemos a disfrutar de la película hoy día? ¿Significa eso que no tenemos ni idea de cine? ¿No podemos retrotraernos a nuestra infancia y disfrutar como enanos con esta película simpática e ingenua? Parece ser que ellos no, porque están por encima de todos, y se permiten el lujo de dejarlo claro, haciendo recomendaciones que no debería seguir nadie con dos dedos de frente. Esa es la lástima... No estoy defendiendo Supergirl como una buena película, porque no lo es, ya que encierra fallos importantes. No obstante, eso no me impide poder disfrutar de ella, porque me resulta interesante, divertida, simpática y entrañable. Seré idiota. En cuanto a este planteamiento, el mero hecho de que me guste Superman IV, la nefasta última entrega de la saga protagonizada por el mejor Superman de todos los tiempos, Christopher Reeve y producida por la extinta Cannon, no me impide reconocer sus claros errores y su cutrerío de la propuesta, lastrada por el paupérrimo presupuesto y el afán racanero de sus productores. Pero tampoco niego que no sea molona y que sea puro cómic. Yo disfruto, no sufro con el cine, ni impido que los demás lo hagan. Puedo sufrir con Gran Hermano, Sálvame, Crepúsculo, pero me basta con no verlo. Ni tampoco entro en comparativas de cualquier reality-show de la telebasura de hoy día y el cine (sí, cine) de Michael Bay.

Este es el punto clave. Parece ser que el mero hecho de disfrutar BvS es suficiente para que se te tache de ignorante o fanboy. Montones de comentarios ofensivos y desagradables inundan Facebook y otras redes sociales estos días. ¿Por qué? Porque el ser humano es así, todos creemos que tenemos la verdad en nuestros labios. Y sí, tenemos nuestra verdad, pero no la verdad universal, porque ésta, como tal, no existe. Y tampoco hay un Manual de Vida, aunque desgraciadamente todos los medios se empeñan en que sí tiene que haberlo. Por eso todo son ataques bidireccionales, o más bien multidireccionales, ya que existe más de un frente en esta batalla campal en la que por desgracia se ha convertido el gusto por el cine. Y lo peor es que algo que debería ser un placer se ha trasladado al terreno del ataque gratuito y personal. Lo hemos llevado a una ladera de trascendencia. Nuestra vida no depende de lo que puedan decirse un puñado de superhéroes en trajecitos de colores, con mayor o menor sofisticación. Como tampoco puede depender de que nos tachen de borregos por disfrutar del Capitán América que Albert Pyun dirigió en 1990. Cada uno es libre de emplear su tiempo como quiera, y no por ello deja de saber más o menos o deja de ser más persona que otra.

Por eso, a las puertas de ver el enfrentamiento mastodóntico de las dos bestias pardas de DC, quiero que quede bien claro que yo, cuando entro a una sala de cine, es para disfrutar de lo que me cuenten sumergiéndome en mi propia burbuja personal. Y creo que tengo el suficiente bagaje cinematográfico para discernir por mi propia cuenta lo que puede ser malo o bueno, siempre desde mi humilde punto de vista. Humilde soy yo y humilde debería ser toda la critica oficial. Boyero no es una deidad. Ni Antonio Albert. Ni Jordi Costa. Ni Mikel Zorrilla. Ni Alberto Abuín. Sólo son personas, personas que deberían limitarse a emitir su opinión, no a querer condicionar al resto de la sociedad de lo que ellos creen que es lo correcto. No niego que sepan de cinematografía pero desde luego, con la excepción de Boyero en un 75% de las ocasiones, no tienen la más mínima idea de cómo exponer sus planteamientos sin caer en el mero resentimiento. Hay, señor Abuín, qué rabioso te veo siempre que leo tus líneas...

Como colofón, quiero invitar a todos aquellos usuarios de las redes sociales que dejen de actuar como seres faltos de afecto destrozando películas y series a golpe de spoiler en los diferentes grupos de aficionados. Seres de estos los hay a patadas... Y agotan.


Buen día.